Rocker, la última revolución del esquí alpino

Rocker, la última revolución

El carving se atrevió a modificar la forma lateral de los esquís, pero la curvatura longitudinal jamás se había tocado. Hasta la llegada del rocker, la última revolución del esquí.

A finales de la temporada 2003, durante una sesión de vídeo en Alaska para Matchstick Productions, el tristemente desaparecido Shane McConkey montó unas fijaciones en unos esquís náuticos. McConkey, uno de los mejores freeriders de todos los tiempos, imaginativo, visionario y divertido, se adentró en las vertiginosas montañas de Bella Coola calzando unos esquís disparatadamente anchos y ¡curvados al revés!, pensando que flotaría en las profundas nieves alaskeñas como si de agua se tratase.

Shane McConkey
Shane McConkey, precursor del rocker con sus esquís náuticos.

Las fotos de aquella sesión, que publicamos en el Solo Nieve nº 35 de la temporada 2004, mostraban a Shane batallando con unos esquís cuya base absolutamente redondeada ofrecía nulo agarre de cantos… Mr. Vértigo seguía investigando acerca de esa idea que le vino a la cabeza en 1998, cuando probando en nieve virgen unos viejos esquís doblados notó que flotaban mucho mejor que unos nuevos.

Dos años antes de su experiencia náutica en Alaska, McConkey había convencido a Volant, su marca de entonces, para que produjese el Spatula, un estrambótico esquí para powder antagónico a los dogmas que el carving -en plena ebullición- profesaba. Era más ancho en centro que en los extremos y su curvatura estaba invertida, con la espátula y la cola levantadas como una banana. Hoy el Spatula es una pieza de culto venerada por coleccionistas, pero en su momento quedó como un extraño e incomprendido invento.

En otoño de 2004, McConkey fichó por K2, rescató su idea y la firma de Vashon fabricó en 2006 el mítico Pontoon. El rocker irrumpía definitivamente en la escena del esquí.

¿Pero qué es el rocker?

Hasta entonces todos los esquís, absolutamente todos, habían tenido forma arqueada -como de ballesta-, con el lado convexo hacia arriba, de manera que al apoyarse sobre la nieve únicamente tocan por los extremos. Observa tus esquís cuando los juntas y (salvo excepciones) verás que, justo bajo la fijación, no se tocan.

Este perfil, denominado puente, garantiza el mejor contacto esquí/nieve frente a las irregularidades del terreno y las vibraciones, pues bajo el peso del esquiador el arco desaparece y toda la base del esquí se apoya en la nieve. El puente (mola más llamarlo “camber”) es también clave para aprovechar toda la longitud de los cantos en los virajes y, junto con la línea de cotas (mayor anchura en espátula y cola que en el patín), configuran la geometría idónea para obtener la máxima estabilidad, precisión, agarre y direccionabilidad de los esquís.

que es el rocker
Distintos tipos de rocker, para distintas categorías de esquí.

Pero… como en tantas otras cosas, el principio filosófico del yin y el yang también se manifiesta en los esquís: tan importante es la estabilidad como la maniobrabilidad, virtudes opuestas pero ambas necesarias. La agilidad de un esquí es inversamente proporcional a su longitud y anchura. Los esquís de freeride, largos y anchos, son muy estables; pero nada tiene que ver su agilidad con la de un slalom.

Y aquí es donde entra en juego la nueva revolución. El rocker es exactamente lo contrario que el puente: los esquís se curvan al revés, de manera que cuando los juntamos, los extremos no se tocan. Esto implica que sobre la nieve se reduce la zona de contacto de la base con el terreno, aportando precisamente esa manejabilidad que el puente no proporciona.

Buscando el equilibrio

Los experimentos del intrépido Shane McConkey y sus esquís con forma de banana fueron el punto de partida, aunque la realidad es que el rocker puro sólo tiene utilidad en condiciones de nieve polvo muy profunda, un medio cuyo comportamiento es parecido al del agua y donde un perfil de esquí náutico se encuentra en su elemento y tiende a flotar. Sin embargo, en cualquier otro tipo de nieve ofrece un agarre y control muy precarios, convirtiéndose en poco menos que inesquiables en pista, al poner tan poca longitud de cantos en contacto con la nieve.

Volviendo a la filosofía oriental, si el puente es el yin y el rocker es el yang… ¿por qué no combinarlos y aprovechar lo mejor de ambos? Es decir, mantener el puente en la zona central del esquí para asegurar el agarre y aplicar el rocker en los extremos -o sólo en la espátula- para mejorar la maniobrabilidad.
En todo caso, para obtener resultados satisfactorios, la cosa es bastante más complicada que simplemente curvar arriba y abajo los esquís. Por un lado, la proporción rocker/puente ofrece infinitas combinaciones con infinitos comportamientos. Podemos tener desde un modelo muy pistero, con muy poco rocker y localizado sólo en la espátula, hasta otro con mucha porción de rocker y muy acentuado, concebido para nieve virgen. Por otro lado, la línea de cotas y también la distribución de la rigidez a lo largo del esquí modificarán el efecto del rocker, haciéndolo más o menos evidente.

Cómo funciona (teoría)

rocker como funciona

El rocker está todavía en evolución y las marcas están metidas de lleno en equilibrar tantas variables para obtener los mejores resultados, tal y como ocurrió con el carving en sus inicios. En powder ya ha demostrado que aporta ventajas en flotación y maniobrabilidad; en nieve profunda el rocker trabaja “a favor” del esquiador, buscando la superficie y facilitando el control. Pero el desafío está ahora en la pista, donde la conducción y el agarre son determinantes y es necesario mantener un óptimo contacto de los cantos con la nieve.

¿Cómo trabaja el rocker? En un esquí convencional, los extremos -la espátula y en menor medida la cola- son los primeros en “morder” la nieve cuando iniciamos un viraje. Al inclinarnos, el canto agarra y bajo la presión de nuestras piernas el esquí traza un arco sobre el terreno. Ahora imaginemos un esquí con la parte anterior (un palmo, más o menos) ligeramente levantada: en el inicio del viraje el canto no incidirá con tanta contundencia en la nieve, proporcionando una entrada en la curva más suave. De igual modo, deslizando con los esquís completamente planos, nos “engancharemos” menos con las irregularidades del terreno, y al tener menos suela en contacto con la nieve, tendremos la sensación de llevar un esquí más corto y ágil. Más de uno se sorprenderá al saber que esta geometría se utiliza en la Copa del Mundo de alpino, en los esquís de descenso y súper-G; sin embargo, tiene su lógica si pensamos que estamos hablando de esquís de hasta 2,15 m de longitud, tremendamente estables, pero tan poco maniobrables como un tren expreso.

Cómo funciona (práctica)

Como trabaja el rocker

El test de esquís que publicamos cada año en el Catálogo Solo Nieve nos ha permitido probar un buen número de esquís con rocker, y lo primero que podemos constatar es que hay tantos comportamientos como modelos disponibles. Cada marca tiene su propia interpretación del concepto, y aunque hoy en día tenemos rocker en esquís de pista y también de competición, en el freeride y en el all mountain es mayoría absoluta. Es en este segmento donde el rocker aporta más ventajas, pues su mayor anchura y longitud agradecen un perfil que, por un lado, favorece la flotación y la absorción de irregularidades, y, por otro, mejora la maniobrabilidad de unos esquís que, por tamaño, suelen ser pesados y poco ágiles.

Cuando apareció el rocker, hace ya algunas temporadas, teníamos dudas acerca de su evolución. Pero estábamos convencidos de que no iba a ser una moda pasajera, porque aporta ventajas, no sólo en fuera-pista sino también en los esquís de gama alta como en los de gama media e iniciación, en este caso gracias a la manejabilidad extra que aporta. El tiempo confirmó lo que pensábamos: hoy en día hay más esquís con curvatura inversa que con perfil convencional.

¡Rocker, bienvenido al esquí!

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