Si me tocara la lotería…

Cody Townsend, Selkirk Wilderness Skiing, BC Canadaphoto: Adam Clark

Soñar es gratis

¿Quién no se ha hecho alguna vez esa fantástica reflexión? Pongámonos en el hipotético escenario, desatemos la imaginación. Y puestos a delirar, hagámoslo a lo grande. Que no sea un premio ramplón sino uno bien jugoso, un bote cargado con tantos millones que por más que derrochases fuera imposible acabártelos. Por si eres de los nuestros y lo que más te gusta en esta vida es la nieve y esquiar, el equipo de Solo Nieve nos permitimos sugerirte cómo podrías gastarte la pasta. Y si un día te toca, esperamos que te acuerdes de nosotros…

Xavi Fané
División Internacional

Foto: Graig McGee/CMH heliskiing
Foto: Graig McGee/CMH heliskiing

Vale, un momento, aunque nunca haya comprado un billete de lotería, enchufo la bola de cristal para visualizar mejor mi hipotética nueva vida de multimillonario con un insaciable deseo desvirgador: me veo en un lujoso jacuzzi rodeado de exuberantes amazonas desn… uy, no, esto no. ¿Dónde está el botón de reset?

Ahora sí, la inmutable constante de mi visión es ésta: montañas mastodónticas cargadas de metros de nieve por todas partes, con un repertorio infinito de palas, canales y aristas en las que dar rienda suelta a la imaginación. En mi bola no hay ni remontes, ni helicópteros, ni motos de nieve que rompan el equilibrio natural; sólo un refugio acogedor sepultado en la nieve, una estufa de leña crujiendo y un grupo de buenos amigos que valoren las esquiadas pletóricas y el ganarse los virajes a pulso.

Por temor a que esto se parezca demasiado a mi vida cotidiana, le añadiría la variable de un menú ecléctico, adaptado a la cocina de los diversos destinos escogidos: un sushi auténtico, un cocido de jabalí al vodka, una raclette, un curry, un pestilente lutefisk, la típica hamburguesa de carne de bisonte y bueno, y cómo no, puestos a soñar, también incluiría la tortilla de patata para uno de esos raros, mágicos días que ocurren cada tantas lunas en los Pirineos.

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Sergi Mejías
Redacción

‘If I were a rich man…’ ¡Menudo problema, eh! Heli en Canadá, snowcat en las Rocosas, Alaska… Será por posibilidades con el bolsillo bien lleno. Pero mi escenario onírico es mucho más freaky. Sin problemas de presupuesto me montaba una temporada siguiendo parte de la Copa del Mundo de esquí alpino, con parada en las pruebas más emblemáticas. Arrancando en Sölden, pasando por Lake Louise y Aspen. No faltaría mi visita a Wengen, Cortina, St. Anton y Adelboden, para acabar en las finales, que esta temporada se disputan en Lenzerheide, en Suiza y cerca de St. Mortitz. Y ya que estamos en el país de Cuche me daría un tour por Verbier, Zermatt y Crans Montana, pero siempre con guía para disfrutar del mejor freeride.

Porque si hay algo que me enganchó de la competición es del ambiente que se vive en las pruebas de Copa Mundo y similares. Es como si fueras a un partido de fútbol o a un Gran Premio de F1, con la diferencia que para asistir a alguna prueba de esquí, para ver a Aksel Lund Svindal o Lindsey Vonn tendrás que ir fuera de España, mientras que para ver a Fernando Alonso o Jorge Lorenzo te bastará con acercarte al Circuit de Catalunya.

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Anna Comet
Redacción y pruebas

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Foto: Graig McGee/CMH heliskiing

Ahora mismo no concibo el esquí sin su componente más físico y aeróbico, así que con millones y millones de euros en el bolsillo… me imagino con mis esquís de montaña, foqueando zonas silenciosas y tranquilas mientras disfruto del esfuerzo, de las aves salvajes sobrevolando mi cabeza y del paisaje que se mueve pausadamente a mi alrededor.

Y puestos a soñar, el ascenso se inicia en algún recóndito fiordo noruego, después de un buen desayuno calórico a bordo de un velero, al compás de las aguas calmas y atracando en tierra con las pieles de foca a punto. Comenzar cada jornada con un claro olor marino que se va mezclando con el sabor montañoso a la vez que asciendo por un bosque frondoso, cruzar por llanos con vistas al mar y terminar en pasos aéreos y técnicos que me obliguen a combinar el uso de los esquís con el de los crampones. Y acto seguido, tras coronar, con miles de metros de desnivel positivo acumulado en mis piernas, una bajada silvestre, entre rocas, atravesando canales estrechas en la parte superior y surcando la nieve polvo sobre extensos prados blancos con el agua brillante del fiordo a mis pies. Y al llegar abajo, con mi cuerpo molido y extenuado, una taza caliente de Glögg disfrutando de las vistas sentada en la proa del barco, que me llevará navegando hasta mi siguiente destino…

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Toti Rosselló
Redacción y pruebas

A mí me tocó la lotería vital al escoger esta profesión, pero aún más al dedicarme a escribir sobre deportes de invierno. Como estamos ante una revolución digital, si me tocara el gordo me dedicaría a llevar la contraria. A saber: compraría Solo Nieve con todo su equipo dentro para publicar 12 números anuales en papel de la mayor calidad y lomo grueso. La revista sería gratis, sin publicidad y la distribuiríamos
por correo postal sin coste.

En cada reportaje invitaríamos a varios lectores que se mezclarían con lo mejor de la élite del esquí mundial.
Los reportajes bascularían entre las esquiadas exóticas en los Himalayas, Antártida e Irán (por ejemplo) con los heli-esquís, spas y centros de invierno de máximo lujo.

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Dani Maza
Asesor técnico y pruebas

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Foto: Elina Sirparanta/Black Crows

Yo lo tengo bastante claro. No es algo a lo que me haya tenido que parar a pensar mucho, pues ya he perdido muchas horas y días soñando por mi cuenta a lo largo de estos años. Es bastante simple: lo primero sería ponerme a un nivel técnico superior al que tengo, y para ello contrataría al mejor preparador físico de la escena del esquí
y haría lo mismo con un técnico o entrenador de la Copa del Mundo; pero no cualquiera, ¡buscaría al mejor y le pagaría un pastón por entrenarme! Je, je… ¡me encanta!

Y lo siguiente, y no menos importante, sería pegarme el viaje de freeride de mis sueños en busca de la mejor nieve del mundo y de una gran aventura. Objetivo: Alaska, un país que me vuelve loco y no sólo por la nieve. Imaginaos viviendo en un gran barco con un helipuerto en la cubierta y un equipo de guías, viajando por toda la costa alaskeña. Esquiando en las mejores montañas y entornos del mundo y durmiendo en un barco. Sí, señor… pues este viaje existe y es el que yo haría.

¿Tiempo? ¡Indefinido! Je, je, je… ¡a jugar!

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Marc Gómez
Responsable freestyle

Pues visto lo visto y con la vida solucionada, haría lo siguiente con toda esa pasta: primero compraría un jet. Uno guapo… ¡el más guapo! Con su tripulación incluida, todas bellas amazonas, incluso la
piloto.

Estaría abonado al servicio Premium Excelsior de los meteorólogos de la NASA, que me informarían dónde y cuándo iban a caer los paquetes más generosos que jamás hayas soñado. A esos lugares, por supuesto, iría a full equiped y lo que se tercie. Bien acompañado, con todos los colegas. Y en eso se basaría mi nueva vida, esquiar powder recién caído a diario.

A todo esto, pondría todo mi dinero invertido, sin ánimo de lucro, en los lugares que me apeteciese, y montaría increíbles instalaciones deportivas para la práctica de todos los deportes modernos. Gratis, delegando su gestión a gente implicada con los proyectos, para que tuvieran la oportunidad de hacer lo que les gusta sin necesidad de
ser millonario para conseguirlo. Debe ser la leche tener capacidad para fomentar y apoyar todos los deportes que a uno le emocionan.

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Núria Pàmies
Diseñadora

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Foto: Tero Repo/SMI

Lo tengo muy claro, me compraría una casa en medio de una estación de esquí en Suiza, tipo Gstaad, que pudiera disfrutar de ella tanto en invierno como en verano. Eso sí, con la condición de que estuviera preparada para poder acceder a ella con los esquís puestos, que al sacar las botas de la fijación los pudieras dejar delante de la
puerta de la casa con los palos clavados en la nieve uno a cada lado de los esquís, preparados para la siguiente bajada.

Como mis rodillas comienzan a quejarse de tanto pádel y una empieza a tener una edad, sería una casa donde pasar largas temporadas, cerca de la civilización pero suficientemente apartada del bullicio. Esquiaría cuando me apeteciera, haría las bajadas que quisiera; que ahora me canso o tengo frío, pues me voy a casa a descansar, recuperar fuerzas y jugar con mi enorme San Bernardo… ¡Ups!, dejo de soñar, que un perro en casa no entra; si no, tengo serios problemas con la familia, y ésta, por mucho dinero que tuviera, no se toca.

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Curro Bultó
Dirección

Solo Nieve ha sido la excusa para ganarme la vida haciendo lo que más me gusta, pero el chollo de la revista no es, por desgracia, ilimitado. Así que, como todavía me quedan muchas montañas por descubrir, me organizaría mi particular forfait de temporada válido para cualquier lugar del planeta. Empezaría por algo, digamos, convencional:
un heli con mis mejores socios esquiadores. Yo invito, por supuesto. Un enorme Bell 212 para nosotros solos, que no llenaríamos para ir más cómodos. Quizá durmiendo en un yate, para darle un toque exótico. ¿El lugar? Pues no lo tengo claro… decidiría a última hora, según las condiciones de nieve. Sería el principio de mi nueva vida como buscador de powder, sin limitaciones geográficas y contemplando todas las opciones de remonte: heli, ratrac, moto de nieve, avioneta, telesilla, foqueando…

No estaría todo el año esquiando, lo reconozco. De vez en cuando descansaría unos días en la playa, como contraste, y aprovecharía para acabar una asignatura pendiente: la caída libre. Entonces le pediría a Felix Baumgartner su globo, lo colocaría en la vertical de Alaska -no muy alto, para ver la avioneta que me estaría esperando en el glaciar- y saltaría.

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David Ledesma
Dirección

Qué estrés, y eso que no me ha tocado. No quiero imaginar si un día me ocurriera de verdad. Haría tantas cosas que no sé por dónde empezar. Lo único que tengo claro es que las emociones y experiencias en el esquí son mil veces mejores cuando las vives y compartes junto a tus amigos. Con lo cual, prejubilaría a mis colegas y me los
llevaría a todas partes. Para calentar motores, empezaríamos por una estancia con fecha de llegada, pero sin día de salida en los mejores lodges de heli-esquí de Canadá. Heli privado y consumo ilimitado de
metros de desnivel. Para cenar langosta y mucha cerveza…

Lo siguiente sería pasar los meses de enero y febrero en Hokkaido (Japón) para esquiar powder hasta los hombros a diario. Sushi y Sake hasta en el desayuno. Y cuando las piernas llegaran a su punto óptimo de cocción, sería el momento de Alaska, donde esquiar las paredes más verticales, ¡adrenalina por un tubo! Mucha hamburguesa y whisky nocturno.

Y para recuperar, un road trip austral, cruzando los Andes de norte a sur en una autocaravana de lujo junto a quien me quisiera acompañar.
Asado de tira para comer y empanada argentina para cenar.

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