En el Freeride Junior Tour de Fieberbrunn (Austria)

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-¡Tienes que ir tú! ¡No tenemos a nadie más!- La voz sonaba imperativa y sin réplica…
-¿Cuándo salgo?
-Mañana por la mañana. Los chavales salen de Toulouse y llegan a Múnich a las dos, más o menos.
-¡No tengo billete de avión y son las seis de la tarde!
-¡Espabila, tienes que llegar como sea!
Un par de locas horas después ya tenía un billete de avión de ida y vuelta, un destino y una gran sonrisa.

Explicar en la oficina que no estaría los próximos cinco días no fue fácil, pero al final todo salió bien. El entrenador no podía viajar por problemas en la rodilla y alguien tenía que acompañar a los chicos a la prueba del Junior Freeride Tour en Fieberbrunn (Austria), una de las tres clásicas del calendario. Categoría tres estrellas… más o menos es como decir que si yo me pongo arriba, me lo miro, y pienso, no bajo. No es fuera-pista, es puro freeride en uno de los terrenos más salvajes de los Alpes austriacos; y os puedo decir que no es fácil gestionar esa bajada para optar, no a quedar bien sino a no sufrir una seria caída. Estos chavales son héroes.

Mi papel estaba claro. Taxista de lujo, aguantar su música de rap modernísima y dolorosísima para mis oídos y apartarme lo más lejos de ellos, que a su edad ya saben lo que hacen y no me necesitan para nada más que no sean los cuarenta minutos de ida y de vuelta desde el apartamento hasta la estación de Fieberbrunn. Y todo fue perfectamente.

Las pistas entre semana son una delicia y mientras los chicos estaban en su onda, me dediqué a explorar una estación que vale la pena visitar con calma. Desde Saalbach a Fieberbrunn hay un mundo de montañas unidas por remontes, con un sinfín de fuera-pista, cercano y lejano. Un paraíso abierto a quien quiera -eso sí, a riesgo- aventurarse por ahí. DVA, pala, sonda y Recco eran mis compañeros de viaje. Esquiar solo únicamente me permitía salidas muy cercanas a la pista, para no meterme en ningún lio.

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Nuestros chicos con Aymar Navarro. Presente y futuro del freeride hispano.

El día de la competición nos levantamos a las cinco de la mañana, el primero de los chicos salía a las ocho en punto. La organización no se la quería jugar, pues la méteo, a pesar de que a las siete lucia un esplendido sol, parecía que iba a cambiar a mal. Casi puntuales, el primer corredor hizo el “drop in” por la misma cara en la que las chicas del World Tour habían bajado el día anterior… Tremenda pala, en la que podías pasar totalmente desapercibido sin arriesgar o bien intentar cosas, muchas cosas. Más de las que yo podía aguantar durante esas tres interminables horas de competición en las que lo único que pensaba era, ¡por favor que ningún chaval se haga daño!

Se fueron sucediendo las bajadas, algunas mejor que otras, algunas llenas de prudencia, y alguno de los chicos arriesgando a tope. Daba gusto verlos. Son chicos y chicas de catorce a dieciocho años y, sin miedo a equivocarme, se puede decir que estos chavales del Junior Tour han subido el nivel de esquí a cotas impensables hace diez años. El listón está tan alto que da miedo dónde pueden llegar. La pasada temporada, tirar un backflip era lo mínimo para estar entre los cinco primeros. El nivel era tal que esta temporada el “warning” de los organizadores ha sido claro… “Cualquier corredor que en un salto, sus botas pasen a mayor altura que su cabeza, estará automáticamente eliminado”. No se la quieren jugar, y ello habla del nivel en que hoy están estos chavales.

El primero de los españoles es Pol Tellosa. No ha dormido por la noche. Una terrible tos y dolor de garganta le han penalizado brutalmente. Si bien a las ocho de la mañana no estaba en su mejor forma psíquica, una vez entra en la montaña se le olvida todo, deja sus problemas arriba y hace una bajada casi perfecta. Solo en su último salto al final del recorrido tiene un “back slap”, pero por suerte no cae y llega a meta. ¡Esta vez el grito de alegría es mío! De estar a punto de no salir, de deshacer la larga marcha de media hora hasta la cima sin competir, Pol ha sacado fuerzas de donde no había. Su bajadón le sube hasta la quinta plaza. Un éxito brutal.

Tres chicos después tiene que salir Abel Moga. Han pasado ya 32 corredores… De Abel se espera mucho, pero esta temporada ha sido dura para él. Con las anulaciones del El Dorado de Baqueira y Boí y solo un sexto puesto en Les Arcs, sus puntos no son como para tirar cohetes. Abel interpreta y baila a la montaña… es fantástico. En el segundo salto hasta se atreve a hacer un grab con movimiento de esquí. Increíble… Su grito de alegría al planchar ese penúltimo salto resuena por toda la montaña… Y no se equivoca, pues el primer puesto es suyo. Un desquite a una temporada un poco irregular y primera vez que un junior español gana una competición tres estrellas.

Tienen que pasar más de treinta competidores hasta que salga Axel Tukiainen. Mientras bajan me entretengo jugando con la que sería mi línea, imaginándome qué haría… Me vengo un poco arriba pensando que podría, en ese “lip” sacarme un 360 fácil, pero la pendiente que hay debajo, las rocas que hacen una perfecta línea de defensa longitudinal y las matas y algunos árboles me devuelven a la realidad… mejor sigo haciendo fotos.

Bajan los andorranos. Naila Vidal no está muy fina y se le nota algo más blanda que en otras ocasiones. Cuando lo comentamos abajo, en meta, me lo confirma. No ha sido su día. Joan Aracil se marca un bajadón también y lo veo arriba, muy arriba. El segundo y tercer lugar del podio estará entre el neozelandés Hugo Cameron, el americano Alex Lundstrom y el propio Joan.

Cuando vamos por el dorsal 47-48 empieza a llover… ya hace mucho que el cielo estaba gris, pero la lluvia no se esperaba… De hecho, sobre las diez han sonado tres cargas. Aquí trabajan con precisión. Ante la rápida subida de temperaturas prevista, están haciendo bajar algunas cornisas… ¡y eso que hace más de diez días de la última nevada! No se fían nada. La nieve transforma y los siguientes corredores tienen un problema: sobrevivir más que esquiar, pues lo que había sido nieve virgen algo húmeda, se convierte en una pasta pesada donde se hunden sin remedio. Las condiciones son terribles… Pero ya han bajado más de la mitad, por lo que la competición sigue su marcha.

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Pol Tellosa, camino de su quinto puesto a pesar de no encontrarse bien.

Es el turno de Axel. Contengo la respiración, y a través del objetivo de la cámara espero a que aparezca en la imagen. Ahí va… hacia la derecha… uff, rocones… Llega a la primera línea, salta y sigue a toda velocidad hasta la segunda línea de rocas, que es doble. Salta, bien, salta perfecto, plancha, pero su esquí se hunde en la nieve blanda de tal forma que le hace pivotar y pasa la siguiente línea de rocas dando volteretas en el aire, de la velocidad que lleva. Brutal. Se queda sentado en la nieve y baja unos veinte metros hasta parar. Se levanta inmediatamente y mueve los brazos para que todos sepan que está bien. Entonces respiro… creo que ha sido un momento terrible, pensando lo peor, pero por suerte, pasa todo en un instante y sin consecuencias. Doy gracias de que no haya que lamentar ni un solo rasguño por lo que podría haber sido.

El siguiente corredor y último de todos es el Andorrano Ot Santaeluaria. Hace una diagonal buscando la zona escogida para su bajada y en la única curva que inicia se hunde y acaba revolcado en la nieve, sin entender nada. Su participación no ha llegado a los escasos diez segundos… Así de mal estaba la nieve.

Acaban todas las bajadas y por fin podemos recoger y bajar a ver a los chicos. La nieve está tan transformada que cuesta deslizar. Puedes ir recto y no coges nada de velocidad, no entiendo cómo estos chicos han logrado bajar como lo han hecho. Esto habla del gran nivel en el que están.

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En Hangar 7, el santuario de Red Bull.

Un reparto de premios más tarde, en que los pirenaicos han dominado en los Alpes con un primer y segundo lugar del podio -además de un quinto puesto-, damos por finalizado este viaje; pero no sin antes pasar por la bonita ciudad de Salzburgo, donde hacemos culturilla. Pero la visita más adecuada a los chicos, a su edad y a su carácter, no deja de ser Hangar 7, donde Red Bull enseña todo lo que tiene, desde formulas 1 hasta los aviones más increíbles que te puedas imaginar; y donde, como premio extra y de rebote, los tres chavales pueden conocer, charlar un rato y hacerse fotos con Pol Espargaró, quien atento, amable y cercano, está en el Hangar para la presentación de su nueva y flamante KTM de esta temporada.
Para mí, taxista privilegiado, un gran viaje. Nos vamos, pero volveré. ¡Gracias chicos!

Texto y fotos: Àngel Joaniquet

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