Esta temporada estamos teniendo bastante suerte con las nevadas. De momento ha habido de todo, también hemos sufrido algún día de escasez, pero, en general hemos podido esquiar bastante con nuestros esquís gordos. No llevo la cuenta, pero creo no equivocarme si digo que, en comparación con otras temporadas, los hemos usado más hasta la fecha. Y eso es bueno. ¿No? Espero que tengamos, de nuevo, otro fin de semana de “freeride”.

Parece que nos hubiéramos puesto todos de acuerdo. El Soul 7 es uno de los esquís más utilizados en estos días, nunca defrauda. Tres generaciones diferentes.

El fin de semana pasado disfrutamos de lo lindo en Grandvalira, tanto el sábado haciendo fuera de pista buenísimos, con una calidad de nieve muy buena, como el domingo disfrutando de una nieve espectacular en pista. Si no estaba perfecta poco le faltaba. Una de esas nieves en las que te crees que eres un grandísimo esquiador, porque te lo permite todo. ¡Cómo ayuda la nieve!

Pues el sábado, como os contaba, era uno de esos días que ya estaba avisado: habría “paquetón”. Creo que en los últimos tiempos la palabra “paquetón” está un poco mal usada. A nada que caen cuatro copos ya hablamos de paquetón, y pienso que exageramos un poco. Pero, en esta ocasión sí que se podía hablar de paquetón. Al menos en las zonas en las que el viento no había hecho daño.

La jornada estaba transcurriendo normal, entendiendo “normal” en estos días la adrenalina por las nubes, las carreras hasta la silla rapidísimas para encontrar otra pala virgen, los gritos de sorpresa y de satisfacción… Lo “normal” para días de esquís gordos y nieve en abundancia. Pues, como digo, todo transcurría normal hasta que nuestro amigo Joan perdió el esquí y, aparentemente, se lo había tragado la tierra. O, mejor dicho, la nieve. Más de media hora estuvo buscando el esquí, hasta que al final apareció bastante más abajo (como es habitual) de donde lo había perdido. Ese fue otro de los instantes felices del día.

Germán y Joan con el esquí perdido, ¡qué rato más malo y qué alegría luego!

Desde hace unos años, unos cuantos ya, los esquiadores más caprichosos empezamos a comprar esquís “gordos”, de “fuerapista” de “freeride” o como les queramos llamar. Yo habitualmente hablo de “gorditos” porque mi opción elegida, los Rossignol SKY 7, no son excesivamente anchos, me conformo con 98 mm de patín, creo que mucho más que válidos para la mayor parte de los días. Sin embargo, el sábado dispuse de unos Rossignol Soul 7, el hermano mayor y más aconsejable para un auténtico día de nieve polvo como fue el sábado. Y, claro, ya sabéis cómo se disfrutan estos esquís en su terreno adecuado. La diferencia en palas con nieve acumulada es notable, y te queda  claro desde el primer momento. Los disfruté mucho, tanto que mañana si puedo repito opción. Eso sí, siempre que haya caído un mínimo de nieve, que sumada a la que había nos puede dar un auténtico día de gloria.

Os dejo un pequeño video, muy corto, para que veáis cómo estaba la nieve. El video está tomado con la GoPro 6 y las condiciones de luz eran bastante escasas, por eso me sorprende que se vea bastante bien. Si este fin de semana tenemos unas condiciones similares espero aplicarme un poco más con la cámara, pero ya sabéis que los días de nieve polvo, de “pow” o de “freeride”, como gusta decir ahora, se va a lo que se va. ;–)

Disfrutando al final del día, pero la nieve se mantenía muy buena. Foto de Joan Pasanau.

Os dejo también el recorrido que hicimos, recogido con el Suunto Spartan Sport Wrist HR Baro, que me está sorprendiendo más de lo que pensaba por sus prestaciones. Os parecerá una tontería, pero te motiva a la hora de hacer deporte. El hecho de que se quede todo grabado y lo puedas analizar en casa, para los que somos un poco “frikis” es muy curioso.

La cantidad de datos que ofrece Suunto es abrumadora. Está muy bien para comparar con otros días.

 

 

(*) En la imagen de portada Germán Gutiérrez disfrutando del aire.