Es posible que alguna vez hayas sufrido el “ataque” de algún fanfarrón que nos ha querido demostrar esa gran aureola de esquiador que le rodea, narrando toda clase de grandezas que a más uno le habrán dejado boquiabierto.

Quedan 150 días para que empiece una nueva temporada, tiempo suficiente para entrenar, pero también para poder crearse una identidad de nivel dentro del mundillo del esquí para el próximo invierno y poder contrarrestar a cualquier que nos quiera impresionar. Porque como el esquí es un deporte que, debido a que muchas veces hablamos de él con gente con la que seguramente no lo practicaremos, a veces se presta al pavoneo algo más de la cuenta.

Por ello, hoy traigo un pequeño manual que si sigues al pie de la letra, te convertirá en un miembro más del Gotha del esquí, al menos aparentemente.

 

CÓMO PARECER UN REY DEL ESQUÍ

Como cada año, llegamos al comienzo del invierno con la ilusión de poder practicar nuestro deporte favorito: el esquí. No obstante, para algunos, la popularización del mismo desde los años 80 sólo ha provocado que miles de domingueros colonicen los valles nevados de los Pirineos. Las pistas se encuentran en pleno overbooking y ya no se puede esquiar en condiciones. Por eso, ninguno que se precie de ser un auténtico rey del esquí se puede dejar ver por las estaciones nacionales. Al menos se tiene que decir que sólo se esquía en el extranjero, donde hay menos colas, el ambiente es más auténtico y además, el ligue está asegurado.

Para fabricarnos una buena identidad, lo primero es el equipo. Tener en el armario un par de buenos conjuntos fabricado con membranas Dermizax o Gore-tex, que son las que más protegen de las inclemencias y a su vez, ayudan a transpirar (en los Alpes y las Rocosas las condiciones son más duras que aquí), es fundamental para triunfar debidamente. Y nada de Bogner o similares, que esto lo llevan básicamente rusos en Gstaad. Tú llevas años usando sólo prendas de esquiador de verdad como Peak Performance o Arc’teryx.

En cuanto a los esquís, te gusta el tacto potente de los esquís alemanes y austríacos, aunque también valoras la facilidad de adaptación de los franceses. Tienes cuatro pares en casa, unos de slalom, unos de gigante, unos de freeride y unos polivalentes. 

En el apartado de botas, conviene llevar unas de competición, por supuesto. Y mínimo 130 de índice de flexión, ya que todo lo demás es como un chicle para ti. Ah, y nada de botines de serie. Llevas botines a medida con cordones para sujetar mejor el pie, porque “el día que los pruebes, no podrás llevar otra cosa”. Últimamente, los días de freeride llevas unas con sistema GripWalk para poder hacer aproximaciones hasta encontrar una buena zona. Porque tú el esquí de montaña sólo lo practicas para acceder a zonas especiales.

Hace tiempo que te pasaste a los bastones de fibra de carbono, mucho más estrechos y ligeros (y también más caros, por supuesto). También es habitual ver tres o cuatro pares junto a tus esquís, unos con protecciones de slalom, otros curvados para gigante y unos con unas arandelas bien grandes para que no se hundan los días de éxtasis.

Llevas casco desde hace más de 20 años y te pones uno u otro en función del día, pero cuando te da por correr, vas con uno con certificado FIS.  Y la máscara siempre con lentes fotocromáticas, que se adaptan a cualquier condición de luz.

Si tu disfraz de esquiador no acaba de convencer, lo mejor es echarse la manta a la cabeza y empezar a hacer referencia a algunas de las estaciones extranjeras donde supuestamente has esquiado. Tienen que ser muchas porque la gente hoy en día viaja mucho y es recomendable dejarlas caer en la conversación como si no tuviera ninguna importancia y fuera lo más normal. Siempre puedes hablar primero de las estaciones europeas, como las suizas Zermatt (al pie del Matterhorn o Cervino) o St. Moritz, las francesas Courchevel, La Grave (aquí debes soltar algo del tipo espero que nunca cambie su esencia) o Chamonix, las italianas Sestriere y Cortina o la austríaca St. Anton. Y, por qué no, alguna más exótica para nosotros, como la búlgara Bansko o la rumana Poiana Brasov (imprescindible citar cómo de avanzados son los remontes en estos países). Pero los Alpes son muy accesibles, así que si de verdad quieres impresionar, no puedes tardar en empezar a hablar de las estaciones de Norteamérica.

De Vail (Colorado), la estación más grande de los EEUU, se puede hablar de sus Back Bowls, una zona de fuera pista con una media anual de más de 8 metros de nieve. Para dar mayor credibilidad al tema, siempre puedes citar la calidad de la nieve en las Rocosas, conocida como champagne powder, muy seca, considerada como la mejor del mundo.           

Otra estación imprescindible de Estados Unidos es Aspen (Colorado), la más elitista, comparable a St. Moritz en Suiza o a Baqueira Beret en España. De esta estación puedes contar cómo coincidiste con Jack Nicholson o Don Johnson cuando fuiste a participar en las 24 horas de Aspen, una prueba que desgraciadamente dejó de existir. 

Por supuesto, también habéis esquiado en Alta y otros resorts del estado de Utah, como Snowbird. No está muy claro cómo ocurre, pero cuando en Colorado nieva un metro, en Utah son dos. Utah es la meca de las mecas en lo que se refiere a calidad de nieve y eso un esquiador como tú lo sabe. 

Pero donde realmente pudiste apreciar el esquí más potente de Norteamérica fue en Jackson Hole, en Wyoming, donde el terreno al que da acceso el famoso Tram es probablemente el más difícil de las Rocosas.

Si todavía no hemos podido doblegar al adversario, es momento de sacar metralla de calidad. Todo esquiador que se precie de ser alguien en este mundillo ha de haber practicado el heli-ski (subir a una cima en helicóptero y bajar por un itinerario virgen) en la Columbia Británica, Canadá. Allí, en la cuna del heli-ski (se empezó a practicar en 1965 en la zona de los Bugaboos), sueles pasar una semana casi todos los años. Sí, es muy caro, pero oye, es que cuando lo pruebas quieres repetir, aunque sea en otras zonas como Georgia o el Kashmir.

También en Canadá se encuentra Whistler Blackomb, al norte de Vancouver, considerada por algunos como la mejor estación de Norteamérica, donde por descontado, conviene decir que se ha estado alguna que otra vez.

Llegado este momento, toca sacar los verdaderos ases de la manga, y el primero se llama Japón. Aquí es donde has visto más nieve en tu vida, por algo es conocido como Japow entre los esquiadores. Si vas en enero verás nevar cada día y te asegurarás powder día sí y día también. Cada dos años toca visitar la zona de Hokkaido y su mítica estación de Niseko, aunque como ya te lo conoces un poco, también sueles ir a Rusutsu o Kiroro.

Y como no, como supuesto rey del esquí, en verano también vas a esquiar. Al principio ibas a los glaciares alpinos de los Alpes, como Les 2 Alpes, Tignes o Saas-Fee, pero con el cambio climático ya no es lo mismo y tu destino favorito se encuentra en Argentina, en las estaciones de Bariloche y Las Leñas. Estaciones de Australia (Tredbo) y Nueva Zelanda (Coronet Peak) son una buena alternativa para el verano y algunos años te dejáis caer, aunque hay que ir con cuidado de no coincidir con equipos nacionales que están entrenando, porque aquello es una locura. Y en cuanto al esquí indoor, una vez, en una estancia en Tokio, aprovechaste para ir al Ski Dome, aunque no te acabó de convencer (estaba lleno de ejecutivos trajeados con muchas prisas) y te quedas con el de Dubai, que conociste cuando estuviste allí la última vez.

Para acabar teniendo una aureola de auténtico esquiador es necesario decir que competías de pequeño (tranquilo, las biografías de la Federación no muestran datos de los corredores de cierta edad) y que te sigue gustando, por lo que de vez en cuando viajas a Kitzbühel a presenciar el descenso, la prueba reina de la Copa del Mundo, un auténtico Barça-Madrid del esquí. Pero no basta con esto, conviene también crearse un buen árbol genealógico que dé caché a los relatos anteriores. Por supuesto, los de casa esquían de toda la vida. Tu bisabuelo era de los que subía a Núria con el Centre Excursionista de Catalunya. Más tarde estrenó el primer remonte de España, en La Molina en 1943 y de él heredaste unos esquís fabricados con madera hickory, la madera con que se fabricaban los esquís de la época y que actualmente decoran la entrada de tu casa.

En resumen, si has tomado buena nota, si un día te hace falta dar el pego, nadie durará de tu reinado en este fantástico deporte. Y si por un casual hay que verse en pistas, siempre podremos alegar que estamos lesionados (y podemos poner más chicha si es desde que tuvimos un susto haciendo el Couloir Poubelle de Chamonix).