Se abre la puerta del garaje. A contraluz aparece la sombra de un chaval, pequeño, alrededor de 1,70 m, de complexión tirando a delgado. Lleva puesta una capucha que no se quitará en toda la velada. Estamos en La Clusaz, muy cerca del telecabina de Balme, en casa de Candide Thovex. El mito del mundo del freeski. El niño que todo lo que toca lo convierte en éxito, en medallas, en galardones, en reconocimiento y, sobre todo, en admiración de compañeros, esquiadores, aficionados y ahora también del gran público.

Candide nos abre las puertas de su chalet, de su vida, con bastantes más palabras de las que acostumbra. El garaje de un esquiador es siempre una buena manera de empezar, y el de Candide es reflejo de su estilo de vida, de su naturaleza. Junto a una moto de cross que asegura no usar apenas por estar siempre liado con trabajo y viajes, hay varios sacos de esquís a la espera de embarcar para la siguiente aventura. En el suelo, otros cinco pares de esquís Faction -prototipos que aún no han llegado al mercado- y unas botas bastante usadas. Fuera, un imponente pick-up vigila la entrada cubierto por 60 centímetros de nieve de la última nevada.

Candide está cansado, física y también emocionalmente. Ha llegado a la recta final de la promoción de su último proyecto, la película Few Words, en la que ha trabajado durante casi dos años. Ayer fue día de paquetón en La Clusaz, su montaña, y además muchos de sus amigos estaban en la estación porque se celebraba una de las pruebas de clasificación del Freeride World Tour, El Radikal de La Clusaz. “La noche fue movida”, nos confiesa con un suspiro seguido de una pequeña sonrisa pícara.

En un salón ordenado, con una máquina de rehabilitación de columna vertebral y diversos aparatos de preparación física, sentado en una bicicleta estática, pedaleando para relajar y a la vez preparar sus piernas, empezamos a charlar.

Pero antes quizás sea necesario presentar al personaje, probablemente el esquiador que más está impregnando a su generación, el que lo ha ganado todo, el que ha marcado tendencia, el que ha hecho soñar e inspirado a decenas de miles de jóvenes esquiadores y el que reparte de manera contagiosa su pasión por el esquí. Pero también el más modesto, el más tímido de los riders de los mundos del freestyle o freeride (es lo mismo para él, es esquí), el “perfil más bajo”, como dirían los anglosajones. La humildad hecha persona, que bajo una capucha y una mecha rebelde sobre unos ojos que transmiten serenidad esconde un auténtico felino, un gato ágil, creativo, genial, potente y poco temeroso. Triple campeón de los X-Games en todas sus categorías, campeón del mundo de freeride en el único año en el que se presentó al circuito y recientísimo ganador de los prestigiosos Powder Awards de la biblia norteamericana del freeski -la revista Powder- por Few Words, el vídeo del año. Una carrera deportiva que, con 30 años recién cumplidos, ni por asomo parece haber llegado a la cúspide…

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