Cómo ser profesor de esquí
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Qué necesitamos para ser profesor de esquí

Si eres esquiador o snowboarder convencido, te gusta deslizarte sobre la nieve y te apasiona la montaña y el invierno es muy posible que, en algún momento, te hayas planteado convertirte en profesor de esquí. O snowboard. Pero… ¿Sabes cómo puedes ser profesor de esquí?¿Qué necesitas?

Por mucho que tengamos un buen nivel de esquí o de snowboard, no es suficiente. Para ser profesor de esquí hay que cumplir con varios requisitos, desde tener una buena forma física y capacidad pedagógica, hasta una serie de valores.

Y, por supuesto, formación académica, práctica y teórica. Todo ello antes de obtener la titulación y ponernos un uniforme para dar clases de esquí a los demás.

Dentro de los deportes de invierno están las especialidades de esquí alpino, esquí de fondo y snowboard, y estos se organizan en ciclos de grado medio o de grado superior.

Primer paso: técnico deportivo nivel 1 (TD1)

El primer requisito imprescindible que necesitamos para ejercer como profesores de esquí, o monitores, es la obtención TD1 (técnico en deporte nivel 1).

Para acceder a esta titulación (que será de esquí alpino, snowboard o de fondo) tendremos que pasar unas pruebas de acceso, que normalmente se hacen a finales o principios de temporada. La convocatoria de estas depende de cada Comunidad Autónoma. Si pasamos estas pruebas de nivel, también llamadas pruebas de acceso técnicas, ya nos podremos matricular en los cursos para obtener el TD1.

Si aprobamos el TD1, ya nos podrán contratar en una escuela de esquí y podremos enseñar a debutantes en la especialidad que hayamos cursado. Este es el primero de los dos cursos necesarios para obtener un título de un ciclo medio. Se divide en 4 bloques, conocidos como bloque común, bloque complementario, bloque específico (que será de alpino, snowboard o fondo) y el bloque de prácticas en una empresa del sector, que por lógica será una escuela de esquí.

Lo recomendable será, pues, que una vez alcanzado este nivel te pongas a prueba a ti mismo durante una temporada. Al terminar verás más claramente si este puede ser tu futuro laboral y profesional.

Técnico deportivo nivel 2 (TD2)

El siguiente paso ya será la obtención del TD2. Conseguir este segundo nivel o ciclo final conlleva la obtención del título de técnico deportivo en la especialidad correspondiente (que será de esquí alpino, snowboard o de fondo). Con la superación de un ciclo de grado medio se obtiene el título de técnico.

Con esta titulación ya podremos impartir clases de perfeccionamiento y técnica y efectuar entrenamientos básicos de equipos de esquí o snowboard. Como en el nivel 1, el 2 también se estructura en 4 bloques. Esta titulación también es la que te permitirá constituir tu propia escuela de esquí.

El TOP: Certificado en nivel 3

Y finalmente está el Certificado en nivel 3, conocido como TD3. Si superamos este grado superior, obtendremos la titulación de técnico superior deportivo en la especialidad correspondiente.

En la práctica nos permitiría formar a otros profesores de certificado nivel 1 y 2 y dirigir entrenamientos de equipos de alto nivel o dirigir clubes y escuelas de deportes de invierno.

Como el nivel 1 y 2, también se estructura en 4 bloques. Además, el título que se obtiene es un título de grado superior que puede dar acceso a la universidad. Se deberán hacer prácticas y presentar un proyecto final.

Otros requisitos: vocación, servicio y pedagogía

Pero ahora vamos a otra cuestión igual de importante que la obtención de los títulos arriba relacionados. Como explicábamos un poco más arriba, para dar clases de esquí a debutantes ya lo podemos hacer con un certificado TD1.

Es con este primer certificado cuando llega el momento de ponernos a prueba como profesores de esquí. Hay que ver si realmente nos gusta enseñar a esquiar.

Nuestra primera temporada ejerciendo con el TD1 será muy posiblemente la clave para saber si debemos continuar por esa vía, o no. Habremos subido a pistas casi a diario, o por lo menos todos los fines de semana y periodos no lectivos, como el puente de la Inmaculada, las fiestas de Navidad, Semana Santa, etc. Tendremos tiempo de comprobar cómo está nuestra pasión por la enseñanza, nuestra vocación de oficio de servicio y nuestra capacidad pedagógica.

Lo menos agradable de la profesión

Algunos días pasaremos frío, en otros días calor. El sol nos habrá avisado, más de un día, que esta es una profesión en la que no hay que distraerse; la salud de nuestra piel debe cuidarse hoy si no queremos tener un disgusto el día de mañana. Hay que cuidar nuestros ojos y hacer uso de unas buenas gafas o máscaras…

Posiblemente también habremos puesto cadenas más de un día, con frecuencia se debe visitar el área de servicio para repostar combustible, y todo ello con un sueldo que en función de la temporada puede ir muy bien… O no tan bien.

Si vivimos en un valle del Pirineo, de Sierra Nevada o cualquier otra cordillera con nieve, todo será más fácil, pero si por el contrario residimos lejos, habrá que asumir los gastos del alojamiento. Quizás convendrá buscar algún trabajo extra en el restaurante de moda del fondo del valle. Eso si no lo estamos combinando con otros estudios y disponemos de tiempo para hacerlo.

A lo largo de la temporada algún alumno nos habrá exigido que enseñemos con mucho tacto y paciencia. Y no hay que tener pereza en agacharse y ayudar a «nuestros» inexpertos clientes a apretar bien las botas, repasar las fijaciones o ponerles bien los pantalones por encima de la bota para que no les entre la nieve en su primera caída.

Habrá que procurar que ningún alumno de nuestro grupo se haga daño por irresponsabilidad nuestra, ya que esto siempre termina siendo una mancha en el historial personal, y cumplir como nadie las normas de la estación de esquí y de la escuela que nos haya contratado.

Además, siempre hay un ojo que observa en la distancia. Hay que ser atento, educado y servicial. Ya se sabe, cuando llevas un uniforme todo el mundo te observa y posiblemente te admiran, así que no se les puede decepcionar.

Lo que más seduce

La escuela de esquí con la que estaremos trabajando será también un espacio de vida social: se conocen nuevas personas que, como nosotros, comparten la pasión por la nieve, la montaña y el esquí.

Seguro que con ellos encontraremos ratos libres para hacer escapadas por aquella pista que nos pide a gritos que vayamos a clavar cantos, o un rincón detrás unos paravientos donde la nieve todavía está virgen. Allí podremos dejar nuestra trazada mientras los demás comen en una terraza a pleno sol, una opción que tampoco está nada mal.

Si al llegar a final de temporada hemos llegado contentos y con ganas de repetir, querrá decir que sí, que tenemos madera para ser un profesor de esquí, o de snowboard. Habremos demostrado tener vocación y espíritu de servicio y, posiblemente, una buena pedagogía para enseñar y transmitir. Nuestros alumnos lo habrán percibido y nosotros, como profesores, lo habremos exteriorizado sin darnos cuenta. Eso será muy bueno.

No olvidemos que la temporada dura entre 4 y 5 meses, y eso da para hacerse un buen sueldo. Pero siempre existe la posibilidad de hacer la doble temporada yendo hacia los Andes, Nueva Zelanda o algún glaciar alpino.

Cada vez que toca despedirse de un cliente que nos ha contratado, sea por una o dos horas de clase, o de un grupo de escolares que hacía la Semana Blanca, hay que dar por hecho que, a pesar de que no recordaremos su nombre pasadas unas semanas, con suerte unos meses, ellos sí que siempre nos recordarán por haber estado, o no, a la altura.

Tranquilos, si llegamos a final de temporada con una sensación de «trabajo bien hecho» será la señal de que hemos sido unos buenos profesores.

A partir de ahora y más que nunca, el sector de la nieve nos lo agradecerá en los próximos años y es que aquellos alumnos que habremos estado enseñando hoy, serán los clientes de nuestro sector el día de mañana. O sea, los que harán viable el mundo de la nieve tal como lo conocemos ahora. Si lo hacemos, lo hacemos bien.

¿Y ahora, por dónde empezar?

Si ya lo tiene decidido, contacta con la consejería de educación de tu comunidad o, alternativamente, con la Real Federación Española de Deportes de Invierno (RFEDI) o la federación que corresponda a la autonomía en la que residas o sea la más cercana por presencia de deportes de nieve. ¿Te animas?

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