Esquiando en Montafon (Austria): El sentido de la nieve
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Montafon (Austria): El sentido de la nieve

Apenas 15 días antes de que el mundo se parase en marzo del año pasado, tuvimos la suerte de hacer este último viaje que nos permitió despedir la temporada esquiando en el valle de Montafon, ubicado en el estado federal más pequeño y occidental de Austria: Vorarlberg.

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A lo largo de sus 40 kilómetros se disponen varios dominios esquiables unidos bajo el forfait Montafon Brandnertal, de los que Silvretta Montafon es el más conocido. Pueblos marcados por la nieve, que da sentido a la arquitectura, cultura y economía de sus habitantes.

A final de febrero de 2020 viajábamos en dirección a los Alpes, en un vuelo operado por Swiss, con la que embarcar esquís es gratuito.

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Una vez en Zúrich debíamos coger un tren –en la propia terminal están los andenes– que, con un solo transbordo, nos llevaría a destino. Es realmente increíble la puntualidad de los ferrocarriles suizos y austríacos. Aterrizamos en Zúrich a las 11.40 a.m. y a las 15.59 p.m. llegamos a Montafon, en Austria.

En tan solo cuatro horas pasamos del asiento del avión a la recepción del hotel Adler. Mirando por la ventanilla del Airbus, el paisaje florecía verde y radiante como si de mayo se tratase. El trayecto en tren transcurrió flanqueado por montañas de 3.000 metros, ríos, lagos inmensos y casas típicas de la región.

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El traqueteo del vagón es un bálsamo antirrealidad peninsular, que convierte el viaje en una apacible experiencia. Las montañas coronadas de hielo brillaban como un espejo y no había rastro de nieve polvo, salvo en altura y caras norte.

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Tras hacer el registro en el hotel del pequeño pueblo de Sankt Anton im Montafon, con el estómago reclamando comida y soñando con una weissbier, nos acercamos a Schruns, el centro neurálgico de Silvretta Montafon.

Es una población ubicada en la parte más soleada del valle, rodeada por prados. Paseando por sus empedradas calles nos entretuvimos en tiendas que parecen ser de otra época, en las que la artesanía, los licores y la moda local inundan repisas, rincones y escaparates. Casas de madera o de piedra con vitrales que alumbran estancias sombrías se asoman al río Litz, que cercena la localidad en dos.

Un poco de gastronomía

Nos sentamos en la terraza del hotel Taube, comimos goulash y ensalada y lo regamos con una generosa jarra de cerveza. Un siglo antes, el afamado y controvertido escritor Ernest Hemingway se hospedó en ese mismo hotel durante dos inviernos (1925 y 1926).

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Busto en memoria de Ernest Hemingway.

Su presencia en Schruns sigue presente en el recuerdo de los mayores del lugar, en las placas conmemorativas de los distintos bares y fondas que frecuentó y en un busto de dudoso realismo.

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Para completar una primera jornada gastronómica, esa noche tuvimos la fortuna de cenar en el hotel Löwen Montafon. Ubicado a escasos metros del funicular Hochjoch, el Löwen es majestuoso en todos sus sentidos.

Espacios amplios y con una decoración exquisita, de estilo moderno que respeta la tradición. Lo mismo ocurre con su restauración: platos tradicionales con un toque vanguardista y una calidad suprema, acompañada por una completa carta de vinos, en la que destacan los de proximidad.

Unos minutos antes de las nueve caminábamos en dirección a la estación de tren. En la calle solo se oían nuestros pasos y la fina llovizna sobre los charcos. No nos extrañó la lluvia, porque el invierno pasado fue tacaño en nevadas y generoso en temperaturas. Éramos las dos únicas siluetas del vagón y en nuestra mirada se percibía el corazón compungido por la falta de nieve.

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Estación de tren (y autobuses) de Schruns

Sin embargo, al día siguiente nuestras expectativas más optimistas se iban a cumplir, y no porque el cielo descargase una copiosa nevada, sino porque el guía que nos iba a mostrar las montañas de Montafon era Hanno Dönz. Un fuera de serie, simpático, modesto, valiente, respetuoso y con una conversación fascinante. Un decálogo andante de normas de conducta y actuación en la montaña.

Silvretta Montafon

Como estaba acordado en la hoja de ruta que nos había organizado la oficina de turismo –ventajas de viajar como prensa–, a las 8.30 a.m. nos encontramos con Hanno en el vestíbulo del hotel.

Planificando el día con Hanno en la base del Versettla.

Nos presentamos de camino a su pick-up, ya que no había tiempo que perder, pues teníamos que descubrir toda el área esquiable de Silvretta Montafon, con más de 150 km de pistas, unos cuantos itinerarios de freeride y mucha montaña.

Empezamos desde el fondo del valle, en Gaschurn (979 m), y recorrimos todo el dominio, acabando en la localidad de Schruns (690 m). Dejamos el coche en un aparcamiento público, nos subimos a un autobús de línea abarrotado –con el forfait tienes acceso a los transportes públicos del valle de Montafon– y llegamos a uno de los puntos de entrada más concurridos del resort.

Postal de Schruns.

Eran ya las nueve pasadas y decidimos tomarnos un café, mientras esperábamos que la cola infinita de esquiadores que querían acceder al Versettla Bahn (un vetusto telecabina de 6 plazas) avanzase a ritmo caribeño.

En temporada alta, más vale llegar a pistas unos minutos antes que los cursillistas, familias y dormilones. Este telecabina, que asciende hasta los 2.000 metros de altitud, fue el primero del mundo de seis plazas y un solo cable. Está previsto renovarlo en dos temporadas.

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Tras chequear los DVA, nos dirigimos hacia el sector de Versettla, una zona de freeride donde tiene lugar una prueba de 4 estrellas del Freeride World Tour.

Acabando el Itinerario R55 con el restaurante Kappell como testigo.

Desde el telesquí Burg, el itinerario R55 te lleva a unos descensos con pendientes de hasta 40º, por pequeñas canales que convergen en el fondo del valle. También podemos tomar una pista negra y otra roja.

Si lo esquías desde la otra vertiente, tienes que coger el telesilla Rinderhütte y puedes optar por pistas azules y negras o caminar diez minutos con los esquís al hombro para disfrutar de un itinerario que, por bonito, quita el hipo. Los picos Madrisella (2.466 m) y Heimpspitze (2.685 m) presiden un circo montañoso en el que gozar de jornadas increíbles de freerando.

Menú de degustación

Ese día la nieve estaba peleona, la humedad de la noche anterior había formado una costra sobre la que se habían depositado 20 cm de polvo. Después de un par de horas cambiamos al sector de Valisera, en busca de descensos vírgenes.

Hanno nos guio a una ruta que, en condiciones normales (la escasez de nieve situaba la cota por encima de los 1.800 m), acaba en la localidad de Gargellen, a 1.423 m. Nosotros solo pudimos descender unos gloriosos 350 metros de desnivel, por una ladera virgen sin más huellas que las de algunos animales.

Pantalla de leds que muestra el plano de la estación de Gargellen en la salida del telecabina Schafberg.

La nieve era algodón y dejar de esquiar fue una puñalada que digerimos pausadamente, mientras calzábamos las pieles y ascendíamos de regreso hasta la base del telesilla Sonnen Bahn. El sol de mediodía mojaba con prisa la nieve y optamos por pistear el resto del día.

Las pistas son anchas (salvo algún camino de conexión), están muy bien trabajadas y presentan un fresado impoluto. En la vertiente opuesta a Valisera está la cota más alta de la estación (2.430 m), en la llegada del moderno, calefactado y panorámico telecabina Graschjoch.

Las pistas tienen una pendiente pronunciada y pierden inclinación a medida que se acercan a los núcleos de cada sector. En un invierno lógico, los descensos hasta Schruns, St. Gallernkich o Gargellen deben ser memorables.

Pompa inmaculada en el sector de Valisera.

Cargamos energías en el bar-restaurante Casa Nova, antes de descubrir el sector de Hochjoch y Kapellalpe. Esa tarde esquiamos todo tipo de nieve: polvo en la cara noreste del Hochalpila, dura compactada en pistas, primavera en los paraavalanchas de Kapell y hierba mezclada con nieve de cañón al descender a Schruns.

Pasadas las cuatro de la tarde hicimos una última bajada de nada menos que 1.610 metros de desnivel. Nuestras piernas pedían hidratación y, obedientes, paramos a tomarnos una cerveza (o dos…) en el Urmonti Apres Ski, clásico bar austríaco de madera con distribución de discoteca.

Hanno tuvo la amabilidad de llevarnos de vuelta a nuestra base en St. Anton y aprovechamos el trayecto para planificar la siguiente jornada. La previsión era de viento fuerte y posible nevada… cruzamos los dedos y nos despedimos.

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Matinal revuelta en Gargellen

Nos despertamos en medio de una oscuridad agónica, con el viento azotando las ventanas y la nieve barriendo a latigazos las montañas. Pero mientras desayunábamos el sol enseñaba el flequillo y una luz de cuento de hadas se filtraba entre las nubes.

Habíamos planificado Gargellen por la mañana (unos 40 km de pistas, con itinerarios y un sector de freeride fabuloso) y Golm por la tarde (35 km de pistas, terreno fácil y divertido). Hanno nos recogió puntual y fuimos hasta la base del funicular Schafbergbahn, a 1.425 m, en Gargellen.

De camino estuvimos hablando de compañías de guías y escuelas de esquí, de que ahorrar en una actividad que conlleva un riesgo inherente real, como el freeride o el esquí de montaña, es jugar a la ruleta rusa. En Montafon hay un total de 27 guías con certificación UIAGM, 16 de ellos a tiempo completo, que ofrecen todos los servicios de montaña que se pueden practicar.

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Nos explicó que en el año 2000 hubo una avalancha en Gargellen que arrasó el edificio de la parte superior del telecabina. Un alud brutal, con más de 50 víctimas. Después de este suceso se construyeron unas estructuras gigantes de hormigón en forma de cuña para proteger la edificación e instalaron un sistema de protección Gazex por encima de estas.

Gargellen es una zona idónea para esquiar en familia. Las pistas son muy anchas –se confunden los límites entre ellas–, con poca pendiente y, comparado con Silvretta Montafon, muy pocos esquiadores.

Hay un sector específico de freeride con buena pendiente, muy divertido y con itinerarios marcados, que tiene el acceso directo desde el telesilla. Es además un terreno perfecto para el skimo. Desde allí se inicia una de las rutas míticas que llevan hasta la estación de esquí de Klosters, en Suiza.

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El forfait de Gargellen también sirve en esa estación, lo que indica la buena relación y cercanía entre ambos centros invernales. Mucho que aprender.

Esa mañana el viento movía incesante la nevada y nos impedía la visibilidad, haciendo difícil esquiar fuera de pistas. Nuestras piernas rebotaban sobre la base dura, hasta que de pronto te hundías en un ventisquero. Demasiado riesgo para poco gozo.

Optamos por visitar las cabañas Obwaldhütte y Kessl-Hütte y degustar sus platos locales a base de queso y estofados de carne, unos manjares deliciosos y calóricos que alimentan cuerpo y alma.

Estos restaurantes/cafetería son cabañas bucólicas presididas por hornos en los que originariamente se cocinaba y hoy son elementos ornamentales. En las paredes cuelgan fotos antiguas que reflejan cómo fueron los inicios del esquí en la zona.

Tarde memorable en Golm

Con las pilas cargadas nos fuimos a conocer el área de Golm (40 km de pistas aprox.). El viento calmó y unos copos como sábanas caían aletargadamente. La estación se despliega sobre la central eléctrica cuya compañía es la propietaria del resort. Los remontes son modernos, con una capacidad de transporte que evita aglomeraciones.

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Las pistas están trabajadas a la perfección y da la sensación de que los esquiadores son mayoritariamente locales. Esa tarde fue memorable, la nieve acumulada por el viento construyó placas que hacíamos estallar en cada giro.

Con cuidado desvirgamos las laderas de Aubergolm, dejando que la nieve nos persiguiese desmontándose en pequeños bloques; un par de giros y a correr, en busca de la línea de máxima pendiente hasta el plano.

Fatigados y sedientos hicimos una parada en la cafetería/restaurante/albergue Sona Hüsli, regentada por una amable y empática familia local. Nos contaron la leyenda del gigante de Golm mientras entrábamos en calor con un café en las manos.

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Caminando diez minutos desde la salida del telesilla Runderhütte hay una zona de freeride espectacular.

La conversación se animó hasta que la hija del dueño, que hablaba un español correcto y fluido, nos invitó a un brindis de un licor producido por ellos. Tras una última bajada de casi mil metros de desnivel, intentando seguir a Hanno entre árboles y pisteando, llegamos a la base. Entre sonrisas, abrazos y mucha morriña nos despedimos de nuestro anfitrión, esperando que nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Gracias, Hanno.

Tierra de nieve

El último día debíamos coger el tren de vuelta puntualmente a las 12.18 a.m. Teníamos la mañana libre y decidimos esquiar en el sector de Kapell, encima de Schruns. Austria nos despedía con 25 centímetros de nieve nueva.

Sumergido en la canal norte de Sennigrat, debajo del telecabina Panorama.

Fuimos los primeros en subir al funicular Hochjoch y al salir nos dirigimos al pequeño y antiguo telesilla biplaza que corona Sennigrat. Pasamos la mañana esquiando canales estrechas y bien cargadas, esquivando paraavalanchas en busca de rincones mágicos. Cuando la nieve se convirtió en cemento, dimos por finalizado el esquí en Montafon y volvimos a la terraza del hotel Taube, a comernos un goulash.

Las calles estaban abarrotadas de niños disfrazados, desfilando con motivo del carnaval. Todo el pueblo estaba implicado en la celebración, adultos y muy adultos jaleaban divertidos, animando a los grupos de escolares ataviados con disfraces manufacturados llenos de ingenio.

La temperatura era extrañamente agradable para un mes de febrero, pero normal tomando como referencia el esquivo invierno pasado. En Montafon se respira la esencia de la cultura alpina; ojalá volvamos cuando la cota de nieve esté por debajo de los 600 metros y los descensos acaben en los fondos del valle. Hasta entonces, seguiremos lidiando con el COVID-19 y lo que la fortuna nos depare.

Hanno Dönz, un anfitrión de lujo

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Natural de Montafon, este eminente guía conoce el valle como la palma de su mano. Cada grieta, cada arruga del terreno, cada recodo y cada ruta. Es el anfitrión perfecto para ascender el Piz Buin (la montaña más alta de Vorarlberg, con 3.312 m), realizar travesías con esquís de montaña desde la localidad de Golm a Klosters (en la vecina Suiza), disfrutar jornadas de freeride épicas descendiendo canales en la zona de Madrisella o viajar por todo el mundo, esquiando en Georgia, en el Cáucaso, o en cualquier otro destino. Gracias a él conocimos las mejores zonas de esquí de Montafon. En 2012 fue nombrado presidente de la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (la prestigiosa UIAGM), cargo que ocupó durante tres años. Ha sido coordinador de UIMLA Mobility Working Group y ejerce de guía todo el año.

Puedes localizarlo en la compañía de guías Bergführer Montafon.

Silvretta Montafon, Gargellen y Golm en datos

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Cota máxima/mínima: 2.450 m (Silvretta Montafon)/650 m (Golm)

Extensión: Más de 250 km de pistas e itinerarios entre las tres áreas.

Pistas: 107 km azules, 83 km rojas, 23,5 km negras y 39 km de itinerarios marcados.

Remontes: 2 teleféricos, 11 telecabinas, 25 telesillas, 13 telearrastres y 3 telecuerdas.

Snowparks: Snowpark Montafon en Silvretta y otro en Gargellen.

Precio forfait: 2 días Montafon Brandnertal Card (válido para todo el valle) adulto, 114 euros; infantil, 66 euros.

Más información en la web Montafon.

Datos de interés

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Cómo llegar: La opción aconsejada por Solo Nieve pasa por volar a Zúrich. Desde la misma terminal, coger un tren con parada en Zurich HB, donde tomamos otro directo a Bludenz. En menos de cuatro horas desde que aterriza el avión llegarás a Montafon.

Dónde dormir: Nos alojamos en el hotel Adler de Sant Anton im Montafon. Un cuatro estrellas con un espacio wellness enorme y buena restauración. Sin embargo, queda algo apartado. Si prefieres estar a pie de pisas y poder dar una vuelta por los alrededores, la mejor opción es buscar alojamiento en Schruns, Gaschruns, Sant Gallenkirch, Vandans…

Para comer en pistas En todas las áreas encontrarás donde comer de bufet, de mantel o bocadillo. Edificios grandes, funcionales, a veces panorámicos y con cafeterías, restaurantes, baños e incluso alojamiento en alguno de ellos. En todo caso, nuestra recomendación pasa por buscar las hütte (refugios), que ofrecen comida local elaborada artesanalmente.

Alternativas al esquí: Lo cierto es que, salvo por el paseo (totalmente recomendable) que dimos en Schruns, solo tuvimos tiempo para esquiar y pasarnos por el wellness del hotel antes de cenar. El valle de Montafon está circundado por bucólicos senderos peatonales que comunican los pueblos. Las alternativas más comunes son el trineo, uso de los telecabinas o funiculares para comer en los restaurantes panorámicos, visitar los museos locales…

Para salir de marcha: Más allá del ambiente festivo que se crea en las cafeterías/tipis de las pistas, Montafon es un valle tranquilo donde salir de marcha no es una prioridad.

El análisis de Solo Nieve

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Pistas: Hay para todos los gustos. Desde pistas exigentes con desnivel pronunciado en las cotas altas de Silvretta hasta una pista azul de más de 10 kilómetros, que atraviesa un túnel de casi 500 metros y que maravillará a los noveles. Los sectores de Gargellen y Golm son idóneos para esquiar en familia. Si te gusta esquiar fuera de pista, Montafon es un paraíso lleno de itinerarios marcados en todos los sectores (eso sí, respetando las indicaciones de seguridad y protección de fauna y bosques).

Remontes: Sivretta Montafon surge de la fusión en 2008 de Silvretta Nova y Hochjoch. La ubicación de los remontes y la renovación de muchos de ellos (sobre todo los de conexión) dan una capacidad de transporte enorme y fluida. En Gargellen y Golm, un telecabina principal es la arteria desde la que se despliegan en abanico unos pocos telesillas que cubren todo el dominio. La única pega es que los tres sectores no están comunicados, es imperativo moverse en autobús (gratis con el forfait) para cambiar de zona.

Cafeterías: En todas las cotas de cada área encontrarás edificaciones que ubican restaurantes, cafeterías, servicios, guarderías… Sin embargo, creemos que es una pena no visitar las hüttes que hay esparcidas para desayunar o comer.

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Acceso a pistas: Hay seis accesos diferentes en Silvretta, empezando por Schruns y acabando dentro del valle, en Gaschurn. Gargellen tiene un único acceso y Golm, dos. En temporada alta hay aglomeraciones a primera hora, pero desaparecen después del primer remonte.

Para aprender: La metodología de enseñanza austríaca es un referente mundial. Más allá del aprendizaje, un profesor o guía nos llevará a descubrir los lugares más interesantes del amplio y diverso dominio. Muy recomendable. Encontrarás las escuelas locales en montafon.at/en/mountain-experiences/snow/winter-sports-schools.

Precios: Montafon ofrece una relación entre la calidad de sus servicios y precios muy comedida y, por supuesto, más económica que las estaciones de la vecina Suiza. El forfait de dos días de adulto tiene un coste similar al de las estaciones peninsulares más grandes y modernas.

Fotos del reportaje: Jesús Andrés Fernández

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