Saas-Fee: La república del esquí

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Saas-Fee se presenta como una República Libre de Vacaciones (“Freie Ferienrepublik”), pero también podría hacerlo como un privilegiado Reino de la Nieve. Por sus montañas y glaciares, por su espectacular entorno, por sus instalaciones y por la idiosincrasia de su pueblo libre de coches.

Viajar al Wallis (‘Valais’ en alemán, el idioma autóctono) es siempre un placer. Este cantón de Suiza bien puede considerarse el corazón de los Alpes.

En sus montañas se ubican dominios como Verbier, las estaciones de Anniviers, Zermatt y la protagonista de este reportaje, Saas-Fee. Las imponentes cumbres y glaciares de esta región ofrecen inmejorables condiciones para el esquí.

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Pero no sólo es la nieve; el viaje en sí –especialmente si no lo hacemos en coche–, la pulcritud helvética y su respeto por el entorno, sus pueblos ancestrales… son motivos añadidos para visitar el Valais.

Saas-Fee es una bella localidad enclavada entre enormes montañas, con chalets y casas de construcción típica, en la que se intercalan hoteles con solera, como el Chalet Gletscher o el Dom, con una iglesia de moderno campanario, pequeños edificios llenos de encanto y algunos hórreos de mediados del siglo XIX.

La calle principal –Dorfstrasse y sus declinaciones– es la arteria comercial del pueblo, donde se alinean sucesivamente tiendas de deporte, pastelerías y, por supuesto, relojerías.

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Pero, sin duda, la particularidad más destacada deSaas-Fee es el veto al tráfico de vehículos con motor de combustión. Los coches se quedan en la entrada del pueblo, en una gran zona de aparcamiento, y sólo unos curiosos coches eléctricos circulan por el pueblo. Saas-Fee es peatonal; por este motivo, si vamos a pasar unos días aquí, vale la pena plantearse un viaje sin ruedas y combinar el avión con el impecable transporte público suizo.

En nuestro caso volamos con Swiss hasta Zurich y, en el mismo aeropuerto, nos subimos a un tren que en 2 h y 20” nos llevó hasta Visp, donde apenas tuvimos que caminar 50 metros para tomar un autobús que, ascendiendo por una estrecha carretera de montaña con numerosos puentes y techos para avalanchas, nos llevó a destino en menos de una hora. Todo ello con puntualidad Suiza, nunca mejor dicho.

El metro más alto del mundo

Al día siguiente nos despertamos con el cielo despejado. El hotel Alpin, donde nos alojamos, tiene justo enfrente el telecabina Alpin Express, un moderno remonte con grandes cabinas de 30 plazas que en dos tramos sube desde el pueblo, a 1.800 m, hasta Felskinn, a 3.000 m.

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Desde allí recorremos una galería horadada en la roca y tomamos el Metro Alpin, que asciende vertiginosamente por el interior de la montaña hasta el Mittelallalin, a 3.500 m. Es el funicular subterráneo más alto del mundo.

En total empleamos una media hora para cubrir mil setecientos metros de desnivel, hasta la cota máxima del dominio. Se nota la altura y resoplamos subiendo las escaleras para salir al exterior, poniendo a prueba nuestra capacidad aeróbica. Estamos en el Feegletscher, el impresionante glaciar coronado por la imponente mole helada del Allalinhorn de 4.027 m.

Es uno de los dieciocho cuatromiles que rodean Saas-Fee, entre los que sobresale el Dom, cuyos 4.545 m marcan la cima más alta de Suiza.

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El paisaje es impresionante, con grandes picos alrededor, desde los que se descuelgan enormes masas agrietadas de hielo y nieve. En el glaciar, los remontes y las pistas se diseminan esquivando las zonas impracticables, rotas por profundas grietas.

A pesar de que viajamos en primavera, pisamos polvo de primera calidad, el sonido de las botas chirriando sobre la nieve no puede ser más prometedor. Durante un rato admiramos el paisaje de los Alpes, sobre un mar de nubes que se extiende hacia el sur, pero no perdemos el tiempo y pronto estamos trazando nuestros primeros virajes.

La sorpresa viene al asomarnos hacia los lados del camino que nos adentra en las pistas más altas del glaciar, pues la nevada de hace un par de días ha dejado un manto tentadoramente suelto y profundo, tímidamente rayado por algunas huellas que apenas se apartan de la pista.

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No podemos resistirnos y, con precaución para mantenernos alejados de las grietas, nos adentramos en el terreno virgen para hundir los esquís y entretenernos un buen rato haciendo fotos, con la nieve subiéndonos por encima de la cintura.

El glaciar tiene pistas muy variadas, desde suaves caminos de enlace hasta enormes palas, donde se puede conducir a placer… si tenemos la precaución de vigilar a lado y lado para no colisionar con algún otro esquiador que esté disfrutando como nosotros de la impecable preparación de pistas.

Diversos telesquís y algún telesilla abarcan la zona y dan acceso a descensos azules, rojos y también negros, estos últimos igual de bien pisados que el resto.

Más allá del glaciar

Las nieves perpetuas del Feegletscher, esquiables también en verano, han dado fama internacional a Saas-Fee; pero no es la única zona esquiable, por supuesto.

Desde la cota máxima, el descenso hasta el pueblo es largo y cubre un desnivel que ronda los 1.700 metros, primero por el majestuoso entorno del glaciar y en la mitad inferior sorteando el pronunciado relieve de la montaña.

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Hay distintas opciones, desde fáciles itinerarios hasta exigentes pistas negras e incluso variantes fuera-pista, sin pisar; freeride accesible dentro del terreno balizado.

Poco antes de llegar al pueblo encontramos el Felskinn, un enorme y moderno teleférico, completamente renovado cuando celebró su 45 aniversario, que nos sube de nuevo hasta la cota que le da nombre.

Allí podemos enlazar de nuevo con el Metro Alpin, a través de otra galería en la roca. En la base de Felskinn vale la pena fijarse en una pequeña cruz de madera que hay en la pared. La colocaron los lugareños en 1822, como referencia de dónde llegaba el glaciar en esa época.

Casi doscientos años más tarde, las nieves perpetuas empiezan en la cota superior del teleférico… mil metros más arriba. Repetimos con el Metro Alpin y subimos a comer al restaurante Threesixty, en lo alto del Mittelallalin. Una parada obligatoria, donde las magníficas vistas se disfrutan en toda su magnitud porque es giratorio.

La corona exterior del restaurante, sobre la que se sitúan las mesas, gira lentamente en el sentido de las agujas del reloj, y completa una vuelta exactamente en una hora. De esta manera, mientras degustamos algunos de los exquisitos y abundantes platos de la carta, disfrutaremos de la panorámica total de las montañas que nos rodean.

Disfrutando del lado-pista

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El plano de pistas de Saas-Fee engaña y sobre el terreno el dominio es mucho más grande de lo que aparenta sobre el papel. El telecabina Plattjen, por ejemplo, cerca de la base, sube hasta un mirador a 2.570 m, con unas vistas magníficas, un restaurante y una terraza con un divertido juego de troncos en el que los más pequeños pueden hacer rodar bolas de nieve.

Frente a nosotros, al otro lado del valle, las paredes se elevan imponentes hasta las cimas del Dom y el Täschhorn. En Plattjen tenemos un largo descenso de cerca de 600 metros de desnivel, que podemos hacer por pistas (azules, rojas o negras, todas ellas impecablemente preparadas) o por fuera-pista muy bueno, simplemente saliéndose a los lados de la pista. Porque el lado-pista en Saas-Fee es realmente bueno.

Sin necesidad de complicarse la vida, simplemente saliéndose del terreno pisado o haciendo alguna diagonal, podemos catar terreno virgen de muy buena calidad. Palas amplias y despejadas, sobre todo en la parte alta, con tubos, canales y buen terreno entre bosque en las cotas intermedias e inferiores.

Eso sí, hay que tener sentido común y prudencia, sobre todo en el glaciar, para no arriesgarse con las grietas y para no equivocarse con alguna línea sin salida, porque entre las zonas esquiables se intercalan otras con gigantescos bloques de hielo y enormes cortados de roca por los que se encaraman los teleféricos y telecabinas.

Desde la base de Plattjen podemos dirigirnos al extremo opuesto, con el veterano y pequeño (4 plazas) telecabina Spielboden, que enlaza con el teleférico Längfluh.

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En la cota superior tiene un restaurante con unas vistas espectaculares, sobre una zona donde el glaciar se rompe en gigantescos bloques de hielo.

Otro remonte interesante, que sobre el plano parece secundario, es el telesquí Egginerjoch, desde el que se pueden hacer algunos recorridos de travesía en dirección al refugio Britanniahütte. La única pista a la que da acceso, de regreso a la base del telesquí, es una exigente y larga roja –que bien podría ser negra–, ancha, flanqueada por una inmensa pared de roca a nuestra derecha e impecablemente pisada.

Realmente vale la pena explorar todos los rincones del dominio y disfrutar tanto de la pista como del fuera-pista. Porque Saas-Fee da mucho juego para el carving, pero también para el freeride.

Así que tráete esquís anchos, que te permitan conducir, porque las pistas realmente valen la pena. Algunas, como Längfluh, Felskinn, Eiskristall o Moräne, son auténticos estadios de carving, anchas, con pendiente sostenida y muy largas. Bendito dilema, tener que decidir qué tipo de esquí llevarse a Saas-Fee. Porque, con independencia de que seas monárquico o republicano, es un auténtico paraíso de nieve.

Freeride en el Alallingletscher

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Nuestro último día en Saas-Fee fue… mágico. Acompañados por un guía, íbamos a explorar un itinerario de freeride más allá del dominio de la estación. El inicio tiene una cierta dosis de aventura: tomamos el Metro Alpin, que se detiene a medio recorrido y descendemos al túnel.

El tren desaparece montaña arriba y nos adentramos en una oscura galería excavada en la roca que nos lleva hacia el exterior, bajo la inmensa pared de piedra que recorre por dentro el funicular, donde fotografiamos la portada que abre este artículo.

Gateando sobre la nieve que bloquea la salida, lo que contemplamos una vez fuera es difícil de describir. David Ledesma (artífice de las fotografía) y yo nos miramos atónitos, ante nosotros se abre un inmenso territorio virgen de montañas sobresaliendo por encima de glaciares interminables.

El sol ilumina la nieve del Hohlaubgletscher, que, por las sensaciones antes de calzarnos los esquís, se intuye muy, muy suelta. Los esquís se hunden en el polvo más seco y ligero que he esquiado en mucho tiempo, por una sucesión de palas celestiales hasta que nos detenemos para colocar las pieles e iniciar un largo ascenso por el Allalingletscher.

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El escenario es sobrecogedor, estamos en medio de una vasta inmensidad blanca flanqueada por gigantescas paredes de roca. Ricco, nuestro guía, abre traza sobre dos palmos de nieve mágica, profunda e ingrávida.

Ascendemos lentamente durante dos horas, el esfuerzo es considerable pero intuimos que habrá valido la pena. Con las fijaciones de nuevo bloqueadas, saltamos, por una cornisa entre rocas, a un nuevo e inmenso glaciar cargado de nieve intacta.

El Hängendegletscher es largo, muy largo, y en sus laderas escribimos nuestra mejor caligrafía. El descenso acaba sobre una gran morrena glaciar hasta la presa del lago Stausee Mattmark, que bordeamos atravesando –con los esquís puestos– un túnel excavado en la roca del que cuelgan grandes estalactitas de hielo.

Todavía no hemos acabado. A partir de aquí el terreno se abre y la pendiente se suaviza. Acabamos en la pista que sube desde el pueblo de Saas-Almagel. Un taxi nos lleva de regreso a Saas Fee, mientras experimentamos una indescriptible sensación de bienestar.

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Semejante dosis de felicidad cuesta alrededor de 650 ChF para un grupo de seis personas, más 50 ChF para que el metro nos deje a mitad del túnel. Os aseguramos que es una de las mejores inversiones que puedes hacer como esquiador.

Saas-Fee en datos

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Cotas máxima/mínima: 3.500/1.800 m

Extensión: 100 km de pistas (145 todo el valle)

Pistas: 35. 5 negras, 14 rojas, 13 azules, 3 fuera-pista

Remontes: 22. 1 metro, 4 teleféricos, 3 telecabinas, 2 telesillas, 12 telesquís

Nieve artificial: 80 cañones, 20 km innivados

Más información: www.saas-fee.ch

Datos de interés

Situación: En el corazón del Valais, una de las zonas con mejor esquí de los Alpes. El valle de Saastal está rodeado por las montañas más altas de Suiza, hasta dieciocho cuatromiles, entre los que sobresale el Dom (4.545 m), el techo del país helvético.

Cómo llegar: En coche, el trayecto es largo, casi todo por autopista, hasta Visp, donde una carretera de montaña nos lleva a Saas-Fee. El pueblo es car-free desde 1951 y nuestro vehículo dormirá obligatoriamente en un parking, a las afueras. Una combinación idónea es volar con Swiss hasta Zurich, tomar el tren hasta Visp y de allí el bus que nos sube a nuestro destino. Y nos olvidamos del coche.

Dónde dormir: Mucha oferta y muy variada. Desde el lujo 5* del hotel Ferienart Resort&Spa hasta pequeños chalets de gestión familiar donde nos encontraremos muy a gusto. Nosotros estuvimos en el hotel Alpin, nada que objetar. En total suman más de 4.000 camas para presupuestos muy diversos. Sí recomendamos alojarnos en Saas-Fee y no en los pueblos del valle, para estar a pie de remontes. Info y reservas on line en www.saas-fee.ch.

Para comer: A la par que la oferta hotelera. Desde exquisitos chalets suizos donde degustar una fondue o raclette hasta oferta de comida italiana y pizza. Obligatoria una comida en el restaurante giratorio Mittelallalin, a 3.500 m.

Alternativas al esquí: Bajo el restaurante Mittelallalin está el Eispavilion, una gruta en el hielo donde descubriremos los secretos de los glaciares. Por lo demás, las alternativas están a la altura del destino internacional que es Saas-Fee.

Desde galerías y museos hasta wellness de calidad, divertidos trineos nocturnos, etc. El pueblo tiene mucho encanto.

Para salir de marcha: Con la calidad de esquí que hay en Saas-Fee, te recomendamos no trasnochar demasiado. En todo caso, para tomar unas cervezas vespertinas, la calle de la perdición es la Dorfstrasse. Atentos al Black Bull Snowbar y al contiguo Après-Ski zur Mühle.

El análisis de Solo Nieve

Pistas: La ficha de la estación marca cien kilómetros de pistas, pero la sensación es que son muchos más por los casi dos mil metros de desnivel esquiable y su variedad. Tenemos glaciar, pistas amplias, reviradas, pendientes, suaves… de sobra para no aburrirse ni un minuto. Y un excelente fuera-pista de proximidad.

Remontes: Saas-Fee está al día en cuanto a medios mecánicos. Desde telesquís hasta el renovado y aéreo teleférico Felskinn. Mención aparte merece el Metro Alpin, el metro más alto del mundo, que nos sube al glaciar.

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Cafeterías: Obligatorio visitar el Threesixty, el restaurante giratorio más alto del mundo, en lo alto del Mittelallalin. El Morenia, en la cota superior del telcabina Alpin Express I, es un gran self service presidido en el centro por una Harley-Davidson, con un excelente bufet. A destacar que hay wi-fi gratuito en los puntos de restauración.

Acceso a pistas: Salvo que estemos a las afueras del pueblo, llegaremos caminando con los esquís al hombro desde nuestro hotel o apartamento. En nuestro caso teníamos el telecabina frente al hotel. Los hoteles tienen su propio transporte. Hay servicio de bus en el pueblo. En caso de necesidad, siempre podemos recurrir al taxi –eléctrico, por supuesto.

Para aprender: Además de la Escuela Suiza de Esquí, www.skischule-saas-fee.ch, diversas escuelas y compañías de guías imparten cursos y ofrecen servicios de freeride y tours de montaña. Recomendable contratar guía algún día para descubrir los secretos del dominio (imprescindible si queremos hacer itinerarios fuera-pista).

Precios: Suiza es calidad, y la calidad tiene un precio. A modo de ejemplo, una comida en el restaurante Morenia, en pistas, puede salir por 45 ChF (una Coca Cola cuesta 6,50 ChF). Un suculento apfelstrudel en el Mittelallalin cuesta 10,50 ChF.

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