Pic du Midi: ¡Magnifique!

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El Pic du Midi de Bigorre (2.877 m) es un lugar mágico donde, desde hace 135 años, investigadores y técnicos del espacio observan, descifran y fotografían el cielo y todos sus planetas. Pero, además, es un espectacular dominio esquiable de alta montaña con excepcionales condiciones para el freeride y descensos vírgenes que permiten esquiar hasta 1.700 metros de desnivel sin parar.

El Pic du Midi es conocido mundialmente por su observatorio astronómico, pero en los últimos años ha ganado adeptos al freeride que encuentran en las laderas de este imponente coloso de los Pirineos un vasto espacio con infinitas posibilidades para la práctica del esquí fuera-pista.

Desde La Mongie, el teleférico sube hasta el Pic du Midi en unos 15 minutos, repartidos en dos tramos. Un primero hasta Le Taoulet (2.341 m) y un segundo que alcanza la estación situada a 2.877 metros de altitud. Una obra de ingeniería sobresaliente que permite al visitante observar desde una terraza de 750 m2 las mejores vistas sobre la cordillera pirenaica que uno se pueda imaginar.

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El Forfait Pic du Midi Unlimited da acceso ilimitado al teleférico y a los telesillas Caoubère y Tourmalet, que permiten el regreso a La Mongie cuando esquías la vertiente este del pico en dirección a la estación de Super-Barèges. El uso del teleférico también está incluido en el pase de temporada de Grand Tourmalet (N’PY). Y también en los forfaits de 6 días y más.

En cambio, el forfait no sirve para ninguno de los remontes de La Mongie, que a diferencia del teleférico no pertenece al grupo N’PY, sino que es pública.

Odisea huracanada

Salimos de Barcelona a media tarde al volante de un flamante Audi Q7 cedido gentilmente por Audi. Unas cinco horas y media en coche cruzando a Francia por el Túnel de Bielsa. Me acompaña Marc Gasch, nuestro fotógrafo, y en La Mongie se uniría Edu Carrera, que desde el Valle de Arán tenía tan solo dos horas de camino.

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Pasamos por el túnel ya a oscuras, con una nevada de escándalo y un vendaval de viento que impedía ver a más de un palmo de la carretera. Era como un dejà vu , ya que hacía unos años, también acompañado por Marc, vivimos la misma situación en el mismo lugar en nuestra visita a Piau Engaly.

La nevada había provocado el cierre del Col d’Aspin, lo que nos obligó a dar más vuelta aún, yendo a buscar la autopista en los alrededores de Lannemezan.

La estación de esquí de La Mongie está a medio puerto del mítico Tourmalet. Había pasado unas cuantas veces en bici en verano pero nunca antes en invierno. Cuando llegamos, el temporal de viento huracanado apenas nos permitía salir del coche.

Todo estaba organizado para que durmiéramos en los Apartamentos Mer et Golf, y allí acudió Edu, que se unió a la expedición no sin antes dejarse dos ruedas en un socavón de la carretera. Una odisea… A la mañana siguiente, cuando sonó el despertador, escuchamos cómo soplaba el viento, y eso nos puso más difícil aún salir de la cama.

Acudimos a primera hora a la oficina del teleférico del Pic du Midi. No sin antes desayunar unos deliciosos croissants en la boulangerie local y dar un pequeño paseo de inspección.

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La Mongie es un núcleo de dudoso gusto arquitectónico a pie de carretera. Solo se salva una pequeña ermita románica. La carretera del puerto está cerrada durante el invierno, y para pasar al otro lado, donde se encuentra la estación de esquí de Super-Barèges, solamente se puede cruzar esquiando.

En las oficinas nos recibieron Daniel Soucaze, director general, y Jerome Brun, responsable de comunicación. Al entrar en su oficina, vi que tenía colgados pósters de rugby en las paredes. Resultó ser que su hijo es jugador profesional, así que hubo tema de conversación para largo.

A la cita acudió también Manu Bonniot, guía y freerider local que hace las veces de embajador del Pic du Midi. Él nos acompañaría en nuestra aventura.

Bajo tu responsabilidad

La temporada 2013-2014 fue la primera que se abrió al público el freeride en el Pic du Midi. Hasta esa fecha solamente se podía subir acompañado de un guía o monitor y previamente el esquiador debía cumplimentar un pliego de descargos que eximía de responsabilidad al teleférico.

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Ahora, como pasa en l’Aiguille du Midi en Chamonix o La Grave, el esquiador puede descender libremente por donde se le antoje. Eso sí, como indican los carteles informativos, se trata de un sector de alta montaña que implica peligros donde el esquiador actúa bajo su propia responsabilidad.

Las rutas no están indicadas sobre el terreno, solo en los mapas de mano. Una zona no cuidada ni asegurada, donde la presencia de un guía es siempre aconsejable. Además, es imprescindible ir equipado con el kit de rescate (Arva, pala y sonda).

Se recomienda, antes de partir desde Le Taoulet o desde el Pic du Midi comprobar las condiciones meteorológicas, la calidad de la nieve y el parte de riesgo de avalanchas. Es aconsejable no esquiar solo, algo que no está permitido a los menores de edad si no lo hacen junto a su responsable legal. En caso de emergencia, llamar al +33 (0) 5 62 92 41 41.

Para todos los freeriders

La experiencia de esquiar en el Pic du Midi está limitada a buenos esquiadores, aunque no hace falta ser ningún profesional. Si el esquiador se limita a bajar por los itinerarios señalizados en el mapa (violeta, verde, amarillo y blanco) desde Le Taoulet (2.341 m), la dificultad no es ni mucho menos extrema.

Requiere un nivel de esquí avanzado y soltura al esquiar en condiciones de nieve sin pisar. Pero no hay pasos complicados ni pendientes desorbitadas.

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La Blanche tiene una pendiente moderada, pero al estar orientada al sur, requiere esquiarla bien por el centro, ya que es propensa a las avalanchas en sus costados.

Desde la cota alta (2.877 m), en cambio, el panorama es distinto. Aunque si bajamos por la ruta Coume du Pic, la exigencia tampoco es extrema, sí demanda un nivel técnico alto y sobre todo un buen estado físico, ya que el descenso es largo y las piernas deben aguantar en todo momento.

Este itinerario llega hasta la carretera de Artigues, donde la Navette des freeriders (un minibús lanzadera gratuito) te devuelve de regreso a La Mongie.

Lo más recomendable es ir acompañado de un guía local, como Manu Bonniot, que trabaja para el Pic du Midi y se conoce cada rincón de la montaña. Su contratación adquiere más sentido aún si el objetivo es esquiar alguna de las canales y tubos más expuestos.

Desde la cima se observan alguno patios que cortan la respiración. Hay infinitas posibilidades, porque aquí los locals lo esquían todo, por exageradas que puedan parecer las líneas. Algunos clásicos son el Couloir des Poubelles, de l’Ours, Alaska, Jardin Botanique o Couloir Lequet (Norte), pero hay un sinfín de rutas.

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Le Taoulet

Una vez roto el hielo, Manu nos subió en el teleférico hasta la estación intermedia de Le Taoulet, donde hasta hace dos temporadas se esquiaba por una sola pista balizada roja llamada Júpiter. Ahora ya no se pisa, se ha eliminado la señalización y los esquiadores campan a sus anchas por un amplio terreno virgen.

Por desgracia, las condiciones de nieve tampoco eran óptimas y la luz plana y el fuerte viento no nos permitió disfrutar del buen freeride todo lo que nos habría gustado. Nos quedamos con aquella amarga sensación que te hace pensar: “Con nieve polvo esto tiene que ser un festival…”.

Desde La Taoulet hacia la Mongie parten los itinerarios clásicos: verde, violeta, y amarillo, que vuelven de nuevo a la base del teleférico. Y la ruta blanca que baja hasta Artigues-Campan, donde te recoge la lanzadera.

Se trata de una zona muy peculiar, donde sopla mucho el viento y eso hace que el tiempo varíe radicalmente. Las nubes vienen y van y se abren ventanas de sol de forma repentina. Durante nuestra visita sopló muy fuerte de sur. El problema cuando el azote es tal, es que el teleférico deja de funcionar.

La primera sección hasta Le Taoulet tiene diversas pilonas que estabilizan más la línea, pero el segundo tramo queda totalmente suspendido, sin pilona alguna, lo que deja muy expuesta al vaivén la cabina. Es una obra de ingeniería alucinante que cruza dos valles por el aire colgada de un cable. Impone respeto mirar hacia abajo.

Después de trillar lo poco virgen que quedaba en la zona baja, cargamos las mochilas y subimos a dormir con todo el material en la cabina de las 17 h, la última del día. La gran incógnita era si el ímpetu de Eolo nos permitiría subir hasta arriba.

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Por suerte, lo conseguimos. Y solo las vistas durante el trayecto merecen la pena. Desde la cabina no dejas de observar líneas y couloirs esquiables, y la respuesta de Manu, nuestro anfitrión, siempre es la misma: “Sí, por ahí también esquiamos”.

Noches estrelladas

La magia del Pic du Midi prosigue también por la noche. Durante todo el año, se celebran actos nocturnos, como las Soirées Etoilées (‘noches estrelladas’), con un programa de animaciones sobre astronomía. Pero además Pic du Midi ofrece también las Nuits au Sommet (‘noches en la cima’).

Previa reserva, unos pocos privilegiados pueden dormir en lo alto de esta emblemática cima, en una de sus habitaciones habilitadas para ello.

David Soucaze, el director del Pic du Midi, nos invitó a pasar la noche alojados. Subimos en el último teleférico de la tarde con todo el material necesario para esquiar a la mañana siguiente. Una vez arriba, nos condujeron por el laberíntico entramado de pasillos subterráneos hasta nuestras habitaciones y acomodamos nuestros enseres.

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La habitaciones son pequeñas, pero modernas y lujosas (los baños, comunitarios). Bien abrigados, lo primero que hicimos fue salir a la terraza del observatorio para disfrutar del paisaje durante el atardecer.

Las vistas, insuperables, emocionantes, superlativas. La sensación es de estar viviendo algo totalmente fuera de lo común, algo especial, distinto. De una intensidad emocional importante. Casi tanto como la crudeza del frío cuando se va el sol a esa altitud.

Estos paquetes de alojamiento tienen tanto éxito que las reservas de fin de semana están casi cerradas de un invierno para otro. Y eso que el precio es de unos 400 euros por noche, con habitación doble, cena y observación de las estrellas.

Cenamos de maravilla, platos de la gastronomía local regados con buenos vinos de la región. La observación no pudo ser porque el cielo estaba encapotado. Aunque para consuelo, comenzaron a caer algunos copos que auguraban una buena esquiada al día siguiente.

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Con unos vinos de más y estirados sobre la cama, la sensación de dormir allí arriba, en un lugar tan inhóspito, colgado de una roca, con el viento soplando a rachas huracanadas, y casi 3.000 m, es especial. Muy recomendable.

La Coume du Pic

A la mañana siguiente nos levantamos con cierta jaqueca generalizada fruto de la altura. El cielo estaba tapado, desastre, pero de golpe el viento de sur, muy agresivo en la zona porque entra directo por el mítico puerto del Col du Tourmalet sin barreras, se llevó las nubes y lo aclaró todo.

Tras el desayuno, cargamos las mochilas en la cabina de bajada y salimos a esquiar trepando por una inmensa cornisa de nieve que ha creado el viento en la parte trasera del observatorio. Las luces de primera hora iluminaban un escenario espectacular.

Las condiciones de nieve eran correctas, pero no permitían mucho más que esquiar el itinerario clásico, La Coume du Pic, con alguna pequeña variante que añadió Manu. Apetecía catar líneas míticas como el couloir des Poubelles.

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Lo valoramos con Manu, pero las condiciones no eran seguras y lo descartamos. La primera pala que esquiamos era amplia y pendiente, así que pudimos enlazar diversos giros amplios a velocidad. Nos acercamos hasta Alaska y bajamos hasta el refugio esquiando polvo venteado acumulado en algunos rincones de la ladera, que combinamos con algún que otro tramo de nieve costra traicionera.

Posteriormente el itinerario se adentró por unos tubos naturales donde encontramos nieve abundante aunque algo pesada. A medida que bajamos de cota, la nieve se iba transformando hasta convertirse en un pastoso engrudo inesquiable.

Lo recomendado es esquiar por el centro del valle, ya que las laderas laterales son muy expuestas y propensas a los aludes. Al llegar al tramo final, divisamos al fondo del valle el río. Allí nos descalzamos y cruzamos a pie. Lo más interesante de la ruta se había acabado. A continuación nos esperaba un planazo interminable en el que tocó remar siguiendo el curso del río.

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No hace falta que relate cómo lo pasó Marc con su snowboard. Intercambiamos las mochilas para liberarlo del peso de las cámaras y Manu le prestó un bastón para remar.  Al cabo de unos minutos de intenso esfuerzo bajo un calor intenso, alcanzamos un conjunto histórico de casas de pastor que nos indicaba cruzar de nuevo el río y adentrarnos en el bosque.

Un tortuoso, impracticable y bacheado terreno nos esperaba. Conseguimos salir indemnes de él no sin mucho esfuerzo hasta llegar a la carretera de Artigues-Campan, donde ya nos esperaba la Navette des Freeriders, la lanzadera gratuita que sale cada hora en punto, con 10 minutos de espera aproximadamente, y que te devuelve hasta la parada de autobús de La Mongie, en el centro del pueblo.

Diez kilómetros de ruta y 1.700 metros de desnivel negativo después, sudados como pollos y exhaustos, comentábamos la jugada sentados en el minibús de vuelta a la Mongie. La conclusión, “aquí hay que volver con paquetón”. Así lo haremos.

Pic du Midi Unlimited, en datos

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Cotas esquiables: 1.200 m/2.877 m

Tramos teleférico: 2. La Mongie (1.800 m)-Le Taoulet (2.341 km)-Pic du Midi (2.877 m)

Itinerarios desde Taoulet: Verde, amarillo, violeta y blanco

Itinerarios desde Pic du Midi: Coume du Pic (Clásico), descenso a Super-Barèges

Couloirs míticos: Poubelles, l’Ours, Descenso más largo: 10 km, 1.700 m desnivel

Navette des Freeriders: Minibús de retorno gratuito (cada hora en punto de 9.30 h a 17 h). Funciona solamente si las condiciones de nieve permiten el descenso hasta Artigues. Debes solicitar el servicio al embarcar en el teleférico de subida.

Acompañantes y guías profesionales: Manu Bonniot, pic-du-midi-guides. com, esf-la-mongie.com y pyrenex.net

Datos de interés

Situación: Situado en los Pirineos franceses, en el departamento de Altos Pirineos, cerca de Bagnères-de-Bigorre, el Pic du Midi de Bigorre alcanza una altura de 2.877 metros y tiene una prominencia de 761 m. La vista desde la cima se extiende a 300 km de cumbres de la cadena pirenaica, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico, y sobre las mesetas del Gran Suroeste. Fue declarado en 2003 Paraje Natural Nacional.

Cómo llegar: Unos 400 km de distancia por carretera lo separan de Barcelona, unas seis horas de trayecto dirección Lleida por la A-2, siguiendo en dirección Monzón y Barbastro y Bielsa por la A-138. Una vez cruzamos el túnel de Bielsa seguimos dirección Aragnouet, Arreu y Col d’Aspin hasta Campan, si está abierta la carretera. Si no tocará dar más vuelta en busca de la autopista en las cercanías de Lannemezan y subir por Bagnères de Bigorre y Campan.

Dónde comer: Se come muy bien en el restaurante Le Schuss, en La Mongie, a pie de pistas. Buena cocina tradicional y precios correctos, aunque la terraza se cotiza al alza: una cerveza al sol son 5,50 euros. Otras opciones son l’Igloo o La Mama.

Dónde dormir: La inmensa mayoría de las camas de La Mongie son apartamentos turísticos. La oferta hotelera es limitada. Nosotros nos alojamos en la urbanización Mer et Golf, estancias correctas. Otras opciones son el Alberge des Cascades, la Residencia Pierre & Vacances Montana o los hoteles La Crête Blanche y La Mandia.

Apreski: En La Mongie es difícil salir de marcha. Si quieres ver gente por la calle a partir de las 18 h, hay que bajar hasta Sainte Marie Campan o Bagneres de Bigorre. Aquí se viene a esquiar.

Horarios: La cabina sale cada cuarto de hora y el primero del día abierto al público es a las 9 h desde La Mongie a Le Taoulet y a las 9.30 h hacia el Pic du Midi. El trayecto dura unos 15 minutos y la capacidad de la cabina es de 45 personas. El último viaje del día es a las 17.30 h (a partir del 7 de febrero). Importante, fuera de vacaciones escolares, el teleférico para a la hora de comer, de las 12.45 h a las 14 h.

Texto: David Ledesma / Edu Carrera
Fotografía: Marc Gasch

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