Homenaje a Jordi Tenas

El pasado mes de septiembre de 2013 nos dejaba uno de nuestros mejores freeriders. El destino quiso que Jordi Tenas se quedase para siempre en las montañas, en la nieve, en esas bajadas extremas cargadas de polvo donde era tan feliz y se sentía tan vivo. En Solo Nieve hemos querido rendirle tributo a un compañero. De parte de todos sus amigos, que eran muchos. Porque tras el excelente esquiador que era Jordi había una gran persona, llena de vitalidad, simpatía y generosidad. ‘Mestre’, te vamos a recordar siempre. ¡Buenas bajadas, allá donde estés’.
Texto: David Quilez y amigos – Fotos: Txema Trull

Jordi Tenas Estévez
, natural del barrio de Gracia de Barcelona, gracienc de nacimiento y gracienc de corazón. Tenía muy arraigados sus orígenes, la familia y su gente… pero el amor por la montaña, por la nieve y el freeride, hacían que su vida transcurriera casi siempre muy lejos de su barrio natal.
La nieve polvo circulaba por sus venas desde bien pequeño. Fue su padre quien hizo brotar en su interior esa vida de alegrías al llevarlo en su mochila cuando aún era un bebé durante sus excursiones de esquí de travesía. Todavía menor de edad, decidió trasladarse a la Cerdanya sin miedo y con convicción para comenzar su carrera como esquiador. Allí comenzó a estudiar el curso de Técnico en Esquí Alpino. Aún recuerdo cuando uno de sus primeros profesores de esquí le dijo: “Tú nunca conseguirás pasar las pruebas, ni llegarás a ser un profesional”. No sé si lo hizo para motivarlo, o si sinceramente pensaba así, la cuestión es que con el paso de los años, Jordi consiguió convertirse en una referencia en el mundillo del esquí nacional.

Con 18 años, la Cerdanya se le quedaba pequeña y decidió investigar en el Valle de Arán. Quería más nieve, más freeride, más montaña… Desde entonces trabajó cada invierno en CEVA, Club de Esquí Vall d’Arán. A sus alumnos les motivaba al extremo para esquiar y les transmitía su gran pasión por la nieve. Sus niños aprendían solos y esquiaban de miedo. Le adoraban, todos querían esquiar con él, querían ser como él, soñaban con hacer lo que él hacía. Pero no sólo sus alumnos se contagiaban de su espíritu, la motivación llegaba a todas las personas que vivían a su alrededor. Generaba unas ganas inmensas de hacer lo que más nos gusta, nos volvía fanáticos a todos, nos provocaba auténtica adicción por el powder, la “polsarraca” que él decía.

Jordi rendía culto a la adrenalina, al fanatismo por la nieve y a las ganas de esquiar sin parar. Rezumaba alegría por todos sus costados. Con el paso de los años se convirtió en un referente de la cara norte de Baqueira Beret, uno de sus spots favoritos, donde el tiempo no tenía importancia para él mientras quedara algún rincón de polvo virgen por esquiar. Su pasión lo convirtió en un nómada de la nieve polvo, con continuos viajes a los Alpes y a los Andes. Su objetivo vital era esquiar la mayoría de los meses posibles al año. En poco tiempo se convirtió en local y amante de la que sería para él y para muchos una de las mejores estaciones del planeta para la práctica del freeride, Las Leñas.
Desde muy joven viajó ininterrumpidamente cada verano, tres meses, a su paraíso argentino. En sus spots gozaba creando nuevas líneas, como un artista crea arte sobre un lienzo. Esas montañas nos han dado alegrías, satisfacciones, algunos de los mejores momentos de nuestras vidas y también la mayor de las penas que supuso su pérdida. Los que lo conocíamos podemos estar tranquilos, porque Jordi hacía realmente lo que quería y sentía en su interior. Siempre esquiaba al límite, disfrutaba al 100 %, con su estilo único y espectacular, con respeto a la montaña pero sin miedo a que algún día ésta se lo quedara para siempre.
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