Las seis mejores historias de esquí que no he podido acabar
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Las seis mejores historias de esquí que no he podido acabar

Te llega una idea a la cabeza o una imagen se forma en tu mente… Construyes rápidamente el comienzo de una historia o de un título para una futura historia. Hay que ir rápido, la escribes de inmediato o coges el móvil, te la auto envías en una nota de audio, y lo dejas ahí hasta que tengas tiempo de volver a por ella y darle una vuelta más.

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Pero muchas veces la posible historia se queda solo en eso, en un título o en un párrafo. Por más que le des vueltas en tu cabeza, no hay manera de darle contenido, de estirarla, de hacerla grande…

Esa súper idea, esa imagen trasladada a palabras en un papel, se queda a medias. Aunque sigue persiguiéndote no eres capaz de continuarla y muere ahí.

Y hasta hoy no había contado con algo muy valioso, es la imaginación de los lectores de este Diario de un friki. ¿Por que no? vosotros mismos podéis imaginarlas, continuarlas, mejorarlas, disfrutarlas, acabarlas…

Hoy me atrevo a presentarte estas historias que nunca han visto la luz para que tu, friki lector, acabes de construirlas y disfrutarlas con tu imaginación.

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Las seis mejores historias de esquí que no he podido acabar

Arva check

A 3.400 metros de altura y con medio metro de nieve recién caída, el guía dijo a sus clientes. -Let’s do the arva check now-

Pepe se puso pálido….

No mires para abajo

El águila volaba en círculos por encima de la nieve y de una forma humana. Aparentemente el esquiador estaba muerto…

La última silla juntos

Juan, Pepe, Jose y Javi se sentaron a primera hora en la que era la tercera silla que subía a las nueve y tres minutos de la mañana. Solo una silla con otros esquiadores delante de ellos, pues en la primera iba un pisteur con material. El día prometía épico con un buen palmo de nieve nueva caído durante la noche. Era su viaje anual a los alpes.

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En el primer tramo de la silla todo eran risas. En el segundo tramo, la conversación estaba subiendo de volumen y la discusión se iba agriando. Dos pilonas más tarde, los gritos se oían por todos lados. Al llegar a la cima, el grupo estaba roto definitivamente…

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Pijos al powder

Jacobo llegó expresamente el último al punto de encuentro del parking de pistas donde habían quedado todos. Quería que le vieran aparecer con sus nuevos esquís, lo último de esa temporada. Sus nuevas botas, las más caras y, sobre todo, su nuevo traje de la marca BSP «Beautifull Ski People» y compuesto por el ultimo grito en todos los tex posibles.

Su sonrisa lo decía todo y esperaba ser la pura envidia de los demás ese día de sol y powder. Con gran satisfacción, notó que una mezcla de admiración y envidia invadía los rostros de sus amigos.

Solo un gran charco de agua sucia separaba a Jacobo del grupo… 

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¡Donde crees que vas!

-¡Por ahí nunca podrás bajar!- gritó Carlos.

Ricardo estaba onfire. Ese día todo le estaba saliendo bien y estaba dando lo mejor de sí. Solo habían pasado dos horas desde que empezaron a esquiar con dos palmos de nieve virgen esa mañana. Estaban petándolo todo y no había mucha gente en la estación. Su confianza había crecido exponencialmente a medida que iba pasando la mañana.

-¡No te preocupes, Carlos! ¡tu sígueme!-

Carlos se quedó parado viendo como Ricardo desparecía dejando una nube de nieve polvo tras de si por el estrecho couloir…

Un encuentro inesperado

Manu bajaba silenciosamente en un palmo de nueva nieve virgen. Haber empezado a subir tan pronto, tenía su recompensa. Eran solo las ocho de la mañana pero el sol de abril iluminaba toda la escena. Cuando llegó al repecho se dejo frenar silenciosamente hasta quedar parado. Sacaría unas fotos.

Cuando miró a su derecha se quedó helado al ver, a solo unos diez metros de distancia, un lobo que lo miraba fijamente. Se sostuvieron la mirada unos segundos y, finalmente, el lobo giró su cabeza lentamente y de un ágil salto desapareció montaña abajo…

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Vuestro momento

¡Espero que hayas dado rienda suelta a tu imaginación! Y si tienes una continuación o un final para alguna de ellas, no dudes en dejarla en los comentarios.

¡Buen verano! En septiembre nos vemos de nuevo para preparar la próxima temporada 2020/2021

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10 comentarios en «Las seis mejores historias de esquí que no he podido acabar»

  1. jajaja! Tengo que reconocer que cada vez que hago un arva check, me pongo un poco pálido. Y no porque me lo haya olvidado, sino porque siempre pienso ¿Y si falla y me quedo fuera del grupo?
     
    Respecto a las historias, creo que sé por qué no las puedes terminar. Todas pintan a un mal desenlace. Reconducir cada una de ellas a un final feliz es todo un reto. A ver quién se atreve!

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    • Gracias Philippe.
       
      Ese es el tema, que cada lector pueda llegar a un final, que no tiene por que ser negativo! Por mi parte soy muy positivo. Un final para ¡Donde crees que vas! podría ser fácilmente algo asi…
       
      «Y Carlos se metió por detrás de Ricardo en el estrecho couloir, encontrándose con unas condiciones increíbles, bajando como nunca lo había logrado antes en una pendiente tan dura… Abajo ambos gritaron de alegría y fueron a por la siguiente. Ricardo y Carlos tuvieron un día inolvidable»
       
      ¡Animaos a buscar finales!

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  2. Llevaba un buen rato quieto, el beicon había sido espectacular…estaba haciendo un escàner mental de todo el cuerpo para asegurarse de que estaba bien.
    Recopila, si hubiera dado más impulso, si hubiera girado antes…no estaría de bruces revisando no tener ningún hueso roto.
    De repente empieza a convulsionar…había valido la pena, la sensación de volar fue brutal…..no puede parar de reír..
    Las carcajadas resuenan en la montaña ahuyentando al águila y calmando los ánimos de todos los colegas que se habían blancos con el espectáculo.
    Poco a poco fueron llegando hasta donde estaba Miguel, que no podía parar de reír.
    Ya tenía otra buena anécdota que contar por la noche en el refugia, eso y los moratones…

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    • jajajaja, muy buenooooooo!!! No se me habría ocurrido nunca acabarla así! Gracias Invicta, podrías fácilmente unirte a escribir historias! Muchas gracias!

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    • Dale caña Powder! «donde crees que vas» y «No mires abajo» han sido ya acabadas muy bien, pero te queda alguna para darle a la imaginación!!! a ver si sale!

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  3. Después de haber descendido los casi mil metros de desnivel del glaciar, tenía por delante un bajadón mítico, de esos que solo se puede hacer con nevadas de las que caen una vez cada veinte años. Y hoy era el día. La nevada no era de las de cada veinte años ¡Era la nevada del siglo! El lobo se había ido y por delante me quedaban 1.400 metros de salvaje descenso. En esa parte había casi un metro de nieve fría y seca por la cual difícilmente me iba a poder seguir. Iba sólo. No es lo ideal, pero el destino me había puesto ahí y no había opción de vuelta atrás.

    Empecé a bajar por el couloir inicial. A mi derecha había una pequeña cresta de la que asomaban algunas piedras porque el viento no había permitido que se acumulase nieve. De vez en cuando iba girando la cabeza a derecha e izquierda para eliminar la nieve que se me acumulaba en la cara. Y en uno de estos giros me pareció ver la cabeza del lobo que saltaba por detrás de unas rocas. Me recorrió un escalofrío y mi instinto me dijo que no parase, que siguiera bajando. Al poco lo vi claramente, el lobo galopaba paralelo a mi saltando de forma asombrosa de roca en roca.

    Conocía bien ese descenso, lo había hecho con mi padre de joven y lo había estudiado infinidad de veces en mapas y fotografías, pensando en el día que lo podría repetir. Sabía perfectamente por dónde debía ir. Ahora a la izquierda se llegaba a una zona de gran pendiente, unos 45 grados. Lo más importante era no desviarse demasiado a la izquierda, donde había un precipicio. Pero estaba claramente marcado por unas grandes rocas. El inicio de esta parte era muy estrecha y pasaba entre dos paredes verticales. Por ahí estaba claro que el lobo no me podría seguir más. 

    Seguí bajando en un éxtasis especial, combinación de la espectacularidad de las condiciones con el hecho de que me había deshecho de la terrorífica bestia. Esto hizo que perdiera un poco la noción del tiempo. Pero de repente apareció. Delante mío. Era el lobo.¿Cómo había llegado tan rápido hasta allí? 

    Estaba parado sobre una roca que justo asomaba por encima de la nieve. Me detuve y, al verlo tan de cerca, me di cuenta de que era enorme. Me miraba fijamente y yo me quedé paralizado. Entonces bajó la cabeza y en aquel momento me di cuenta. Esa roca que justo asomaba por encima de la nieve, era la gran roca que indica el punto en el que tienes que cambiar a la derecha si quieres evitar el precipicio. La nieve había cambiado la montaña. El lobo me había salvado la vida.

    Media hora después llegué al río que había al fondo del valle. Mi ritmo de bajada había sido mucho más lento por el agarrotamiento de la emoción de lo que me acababa de ocurrir. Me solté las fijaciones, caí arrodillado en la nieve a orillas del río y rompí a llorar. No podía creer lo que me acababa de pasar. Pasaron por mi cabeza innumerables escenas de bajadas con mi padre y con mis amigos. Pensé mucho en todas las veces que había estado en situaciones peligrosas pero controladas. Pero hoy había cometido el error de creer que lo tenía todo dominado. La nieve cambia la montaña. Igual que te puede permitir bajar por sitios antes imposibles, también te puede llevar a la perdición.

    Me puse de nuevo los esquís preparándome para seguir por la orilla del río hasta el pueblo. Me giré una vez más y lo ví, el lobo me observaba desde unos árboles cercanos.

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    • Uuuuuuuaaaaah!!! gracias Philippe, ni yo la hubiera desarrollado mejor!!! de echo no pude en su día, por eso se quedo en un esbozo!
      Gracias!!! a ver si un día nos conocemos y nos hacemos unas bajadas juntos!

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