Scot Schmidt ha sido uno de los esquiadores más influyentes de la historia de nuestro deporte. Su talento en la nieve ha ayudado a dar forma a la industria del esquí moderno y ha inspirado a generaciones de riders que han logrado llevar al freesking a niveles que jamás se pensaron alcanzar.

Scot Schmidt fue el primer esquiador extremo mediático, allá por los años ochenta, cuando algunos pioneros dejaron al mundo boquiabierto con sus hazañas fuera-pista, al romper con todas las normas preestablecidas en el mundo del esquí.

Comenzó a esquiar a los cuatro años, cuando su padre decidió que el esquí iba a ser el deporte familiar. En sus inicios fue corredor alpino en categoría júnior. Se especializó en descenso, donde aprendió a dominar la velocidad y los saltos. Ganó un DH y un GS y su entrenador le aconsejó trasladarse a Squaw Valley.

Soñaba con ser un gran corredor y tenía los puntos FIS para competir, pero no los dólares necesarios, así que, entrenando en Squaw, descubrió el freeski.

Por entonces frecuentaba la estación californiana un grupo de melenudos con esquís de 220 cm que pasaban el día saltando barrancos y esquiando a toda pastilla fuera-pista.

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Al final, acabó abandonando la competición alpina y se juntó con los locals dedicándose a saltar cortados y volar rocas todo el día “sin reglas, sin normas, sin horarios. Viví en Squaw diez años. Estuve en el lugar idóneo en el momento preciso”, explica Scot.

Un cámara de Warren Miller había oído hablar del estilo fluido de Scot y le propuso aparecer en su película Ski Time. Tras esa aparición se convirtió en un fenómeno.

Después llegaron treinta y nueve apariciones más, que lo convirtieron en el más conocido de los esquiadores extremos, con una larga carrera profesional de 27 temporadas, hasta pasados los cincuenta años de edad.

Tras su primera experiencia con Warren Miller films, fue Greg Stump quien le insistió para que filmara con él películas de gran éxito, como fueron Maltese Flamingo y Time Waits for Snowman. Aunque el gran bombazo llegó con Blizzard of Aahhh’s, donde compartía cartel con los que a la postre fueron el resto de los pioneros del movimiento freeskier, como Glen Plake o Mike Hattrup.

Conocido por el apodo de The original freeskier, fue un auténtico outsider desde el primer momento. Tenía una forma de esquiar totalmente diferente al resto, suave, fino y elegante a la hora de saltar barrancos y esquiar couloirs de pendientes espeluznantes.

Preguntado por su estilo, Schmidt siempre ha reconocido que idolatraba al gran Ingemar Stenmark, del que admiraba su técnica y elegancia. Siempre intentó imitar su técnica de angulación de rodillas y cadera al esquiar.

En 2012, con 52 años, apareció en el remake de la famosa Blizzard of Aahhhs , llamado Legend of Aahhhs. Otherwhise.

A día de hoy, Schmidt sigue siendo un mito y mantiene patrocinios con marcas como The North Face, que le ha acompañado a lo largo de toda su carrera.

Schmidt fue el primer freeskier en firmar un contrato profesional con la industria del esquí y ha sobrevivido a más de 25 años de viajes, sesiones de fotos extremas, filmaciones, peligros y todo tipo de locuras.

Acumula una buena colección de caídas feas y ha sido arrollado por cuatro avalanchas, pero nunca se ha roto un hueso esquiando. “He tenido muchas suerte”, reconoce.

Ahora pasa sus inviernos como embajador de esquí en la estación privada Yellowstone Club, de Montana, donde esquía hasta 120 días al año. Y sus veranos los vive en Santa Cruz, California, con su familia –tiene tres hijos–, donde se dedica a surfear olas y navegar.