Una de las primeras cosas que aprendí como demostrador es que, a la hora de enseñar a esquiar, lo primero que debe analizar el profesor es la posición de su alumno; ver cómo se sitúa encima de los esquís, cómo pisa, cómo lleva la cadera, los brazos y los hombros.
Texto: Dani Maza. Demostrador de la Escuela Española de Esquí
Fotos: Jesús Andrés Fernández – Esquiador: Susana Sahún. Demostradora de la Escuela Española de Esquí
Todos estos puntos son importantes y hay que tenerlos en cuenta, pero el que más va a determinar nuestra eficacia y habilidad encima de los esquís se refiere a la cadera. Dependiendo de cómo la llevemos, podremos trabajar bien con las piernas… o no. Así que, si somos capaces de controlar la cadera, podre mos progresar fluidamente con nuestra técnica. De ahí la importancia, también,
de que este dichoso deporte que tanto nos gusta requiera de un mínimo de forma física. Para poder aguantar el día de esquí, pero también para mover nuestro cuerpo según lo necesitemos, sin limitaciones de movilidad y fuerza.

EN PARADO
Durante años, los profesores hemos enseñado una posición base que, con la experiencia, hemos visto que tenía carencias. En esta imagen, Susana nos demuestra –de una manera exagerada– dicha posición. Se aprecia claramente que la cadera está desplazada hacia detrás y que, para compensar, los hombros se van hacia delante. A los que os dedicáis a la enseñanza del esquí, ¿no os es familiar
la frase: “¡Saca el culo, levanta los brazos y encoge el abdomen!”? Esta posición hace que nuestro centro de gravedad caiga justo detrás de los pies y no encima de los mismos, donde en verdad debería ir.
Esto va a suponer un problema a la hora de buscar movilidad en las piernas y en el resto del cuerpo, ya que la cadera hará de lastre y en el futuro tendremos que buscar soluciones alternativas a los problemas que esta posición nos irá creando.

Hemos tenido que llegar a la era del Pilates y otros entrenamientos de última generación para entender que hay que llevar la cadera en retroversión, hacia delante. Y esto, por supuesto, debe hacerse de una manera consciente. Para que se sitúe sobre la vertical de los pies y para que las cadenas musculares de todo el cuerpo trabajen adecuadamente. Menos esfuerzo… ¡mejor
resultado!
En la foto se ve claramente que la posición es mucho más natural y cómoda, Susana respeta las flexiones de tobillo, rodilla y abdomen, a la vez que sitúa la cadera, esta vez sí, sobre las botas. Desde esta posición, su control sobre los pies y los hombros, que están más altos, es mucho mayor. A partir de aquí, trabajar la técnica será más fácil y con resultados más óptimos.
EN MOVIMIENTO
En esta primera foto vemos a Susana en un final de curva, con el centro de gravedad bien desplazado hacia atrás. Pues bien, este fallo (porque esquiar así es un fallo) viene de haber automatizado una posición base equivocada. Y nos va a llevar a cometer otros errores, como rotar o bajar demasiado los hombros para intentar compensar nuestro centro de gravedad, que está retrasado.
Y si la posición en el final de curva está mal, el inicio del siguiente viraje también lo ejecutaremos mal. Es un efecto dominó.
Aquí se aprecia claramente la diferencia de posición respecto de la imagen anterior. La cadera va más adelantada, el centro de gravedad está en su sitio y, por lo tanto, el reparto
de pesos es también correcto. Además, podemos apreciar cómo los hombros de nuestra demostradora llevan una posición más erguida y natural, que facilita así su movilidad.
Desde esta posición, el movimiento de cambio de un viraje al siguiente será mucho más cómodo y eficaz, lo que hará que, en este caso, el efecto dominó actúe en nuestro favor y sea positivo para nuestra forma de esquiar.

CONSEJO
Recomiendo firmemente hacer la práctica de este ejercicio en seco. En casa, descalzos para notar bien los apoyos e intentando imitar la posición base correcta. Buscaremos situar la cadera en la vertical de los pies, a la vez que flexionamos los tobillos y rodillas. El movimiento no es siempre fácil de sentir, sobre todo al principio; pero una vez lo tengamos estaremos listos para repetirlo en la nieve. Primero en una posición base, en parado, y posteriormente en movimiento. Es interesante hacerlo en curva, siempre que la velocidad sea muy suave para que nos dé tiempo a actuar y sentir lo que ocurre. Es un gesto que lleva tiempo asimilar, así que no hay que tener prisa… ¡pero sí constancia!