Esquí & surf en el Ártico

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Un buen rato en el agua, remando y surfeando mientras el cuerpo fue capaz de aguantar la temperatura próxima a los cero grados. Al final de la jornada, la sauna fue el lugar más solicitado del Lofoten Ski Lodge, para recuperar las calorías perdidas en el mar, antes de reponer energía con una potente cena.

Esquí… ¿náutico?

La segunda jornada en Lofoten no iba a ser peor que el primer día. El capitán Nick les dio la bienvenida a bordo del velero Skydancer y tomaron rumbo a su siguiente destino. ¡Un viaje en barco para ir en busca de la nieve! Ski & sail, ¿se puede pedir más?

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Bien abrigados con sus mejores prendas, el team Gore-Tex disfrutó del maravilloso paisaje ártico desde cubierta. Una vez cruzado el fiordo desembarcaron el material en tierra firme. No hubo que caminar mucho… se colocaron las pieles ¡en la playa! y se encaminaron hacia la ruta marcada por Morgan.

Una nueva sesión de foqueo en un entorno único, disfrutando sin prisas de un ascenso que les llevaría a unas cuantas líneas entre canales y con buena pendiente. Desde la cumbre, las vistas de la cúpula del hemisferio norte, con el mar adentrándose en la tierra a través de los fiordos, era una recompensa impagable al esfuerzo para superar el desnivel desde la línea de la costa. Y quedaba lo mejor: el descenso.

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Seb se marcó algunos invertidos en cornisas, haciendo honor a su leyenda como Mr. Backflip, y todo el grupo dibujó líneas veloces de giros amplios hasta detenerse junto a las olas.

Trekking, esquí y barbacoa

El día de su llegada a Lofoten, Greg y Seb se habían fijado en un estrecho y empinado desfiladero situado junto al hotel. La meteorología había acompañado desde el primer momento y habían tenido dos días de gloria, así que en esta tercera jornada no había prisas y tenían tiempo para apuntar sus esquís hacia esa tentadora línea. ¡Querían probarlo antes de marcharse!

Esquís, casco y anorak en la mochila, al igual que las botas, y poco a poco el pequeño núcleo de casas junto a la bahía se fue alejando y haciendo pequeño. Un primer tramo de trekking por el prado, para llegar luego a la línea de nieve.

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Algunas nubes de algodón se paseaban por el cielo, contribuyendo a crear una atmósfera bucólica y zen. Las vistas al coronar el ascenso no defraudaron. Una vez en la cima, la espléndida panorámica de las montañas, las islas, la nieve y el mar se desplegaron ante sus ojos.

La magnífica nieve de la bajada, polvo en los tramos más orientados al norte, recompensó con creces los esfuerzos de la subida.

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Parecía imposible que el viaje ya tocara a su fin… pero el día era largo, muy largo, y antes de marcharse, habría tiempo para disfrutar de una nueva sesión de surf ártico en Lofoten. La jornada concluía con una sabrosa barbacoa de pescado entre amigos, al más puro ambiente California Style. Y nadie se fue a dormir temprano.

Tres días no son suficiente

Cuando vives una experiencia única, el tiempo pasa muy deprisa. Demasiado. De camino al aeropuerto, los tres esquiadores observaban por última vez las maravillosas montañas y el magnífico paisaje de Lofoten, que tantas posibilidades ofrecía… Y es que, como dijo Nico, “podrías pasarte la temporada entera aquí y no serías capaz de esquiar todas las líneas que tienes a tu alcance”. ¡Vamos a tener que volver!

Texto: Sebastian Huber/The Distillery
Fotos: Manuel Ferrigato/Gore-Tex

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