Necesité recibir el e-mail de George Klaoudatos proponiéndome esquiar en el Monte Olimpo, para que la idea calara en mi cabeza .

¿Canales vírgenes? ¿En Grecia? ¿Entre olivos y rebaños de ovejas? Una idea tan difícil de imaginar como excitante… y encajaba con lo que siempre había visualizado para un trip exótico de esquí.

Respondí enseguida el correo de George e inmediatamente me puse a organizar el viaje. En primavera, estaba sentada en un avión con mi colega de Salzburgo Andi Razic y el fotógrafo suizo Ruedy Flück, con destino a Grecia.

La verdad es que cuando el piloto anunció la temperatura en Atenas, el esquí no fue precisamente lo primero que vino a nuestras mentes. Intercambiamos miradas con una indisimulable expresión de: “¡Oye, que nos estamos yendo a Grecia! Sol, calorcito, mar, buen vino y la inimitable cocina griega…”.

George nos recibió en el aeropuerto y nos llevó directamente a su refugio de montaña, A. Lefkaditis, en la estación de esquí de Velouchi.

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Fueron tres horas de viaje en el que poco a poco volvimos a mentalizarnos de que estábamos allí para esquiar, no por el sol. Al llegar a la estación hacía frío, estaba nevando y había nieve fresca por todas partes. ¿Seguro que estábamos en Grecia?

Los primeros dos días George nos enseñó algunos itinerarios con esquís de montaña alrededor del refugio que daban a acceso a varias bajadas first descent en el monte Kaliakouda, de 2.101 m.

Las condiciones eran fantásticas, con inmejorable nieve firn (una fina capa derretida sobre una base dura), fresquito primaveral, palas agradables… y, para acabar el día, una suculenta cena con vino griego. ¡Yamas! (¡salud! en griego).

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Nuestra visita a Velouchi coincidió con la fiesta de fin de temporada y nos costó poco organizar nuestra particular fun session, ya que más allá de las dos pistas que todavía estaban abiertas, encontramos un pipe natural donde iniciamos a George en la  conducción de switch con esquís de doble espátula.

Nuestro anfitrión sacó a relucir sus habilidades como veterano corredor alpino y demostró que los griegos también saben hacerlo al revés y a una velocidad más que respetable. ¡Kudos! (¡felicidades! en griego).

Como un meteoro

Antes de centrarnos en el verdadero motivo de nuestro viaje, esquiar en el Monte Olimpo, y nos tomamos un día de aclimatación en Meteora. Un lugar mágico cerca de la ciudad de Kalambaka, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sobre cuyas gigantescas torres de piedra se erigieron en la antigüedad hasta 24 monasterios, de los que sólo seis quedan actualmente en pie.

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Andy es un profesional del salto BASE y las impresionantes masas rocosas talladas por la erosión en este increíble lugar iban a ser un spot perfecto para hacer caída libre.

En Meteora, como en la mayoría de lugares del planeta, el salto BASE está prohibido… pero todos los saltadores tienen asumida su condición furtiva. La arista con forma de nariz era un punto de despegue perfecto y aquel campo al lado de un gallinero iba a ser el lugar idóneo donde aterrizar, pero el viento era un problema y tuvo que posponer el salto… aunque sólo hasta el día siguiente.

Al despuntar el sol, Andy aprovechó la calma del alba para saltar desde aquella protuberancia nasal. Comprobación final del equipo, unas respiraciones profundas, 3, 2, 1 y… ¡hasta luego!

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Fueron dos segundos de vertiginosa caída al vacío, hasta que se abrió el paracaídas y mi colega de Salzburgo se paseó alegremente por el aire hasta posarse con suavidad en tierra firme.

Era Semana Santa -domingo de resurrección-, así que lo celebramos con un suculento asado en compañía de nuestros amigos griegos.

Objetivo: first descent

Tras unos días de turismo activo, había llegado el momento de afrontar el verdadero motivo de nuestro viaje: el primer descenso del couloir Stefani, y por fin, esquiar en el Monte Olimpo.