En las montañas cercanas a San Carlos de Bariloche, en la Patagonia Argentina, está el circo de Frey, una de las mejores zonas de freeride de los Andes. Rodeado por imponentes agujas de granito de más de 2.500 metros de altura que desembocan en la gran laguna helada de Toncek, las posibilidades de exprimir las laderas vírgenes son infinitas.

En la zona próxima a la ciudad de San Carlos de Bariloche, a tocar de la estación de esquí de Cerro Catedral, hay varios refugios de montaña. Uno de los más famosos es el Emiliano Frey. El campo base ideal para explorar las montañas en busca de nieve polvo.

Caras este, oeste, sur y norte se pueden esquiar y hay desniveles e inclinaciones para todos los gustos. El escenario se compone de canales, palas abiertas y bonitas rocas en un entorno único y singular. Hay lagos y montañas en cualquier dirección a la que mires y, presidiendo las cumbres, el omnipresente Monte Tronador (3.440 m) que lo vigila todo desde la cercana lejanía que esconde al sol.

El refugio

Si tenéis pensado un viaje al circo de Frey, Argentina, para disfrutar del freeride como niños, el refugio Emilio Frey es de parada obligatoria. Ubicado al pie de la aguja Frey, está rodeado de torres y agujas rocosas y a orillas de la laguna Toncek, a 1.700 metros sobre el nivel del mar.

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El nombre es un homenaje al ingeniero Emilio Frey, quien desde 1895 estuvo vinculado con la zona como integrante de la comisión de límites presidida por Perito Moreno. Fue también intendente del parque nacional y uno de los fundadores del Club Andino Bariloche, que presidió durante 23 años.

Frey es un lugar ideal para pasar unos días de descanso y de alta montaña, ya que se pueden realizar ambas cosas. En el verano austral también es destino de escaladores, porque en él se encuentran los mejores sectores de escalada clásica de la zona.

Con literas en su parte superior y una zona común en la inferior, puedes tomar desde una pizza artesanal acompañada de una cerveza hasta vivir tu propia aventura subiendo comida para cocinar en la zona común destinada a ello.

Es un lugar encantador donde evadirse del mundo y pasar unas noches. El Frey presenta innumerables posibilidades para el freeride, con increíbles palas de nieve virgen a su alrededor. El refugio en sí es uno de los más pintorescos de la región. Puede albergar cómodamente a 40 personas.

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Los servicios que se brindan son pernocte, uso de cocina, un amplio menú de comidas elaboradas y sanitarios. Los precios son accesibles y el uso de cocina incluye uso de cacerolas, platos y cubiertos, así como condimentos básicos y agua caliente durante 24 horas. Está abierto todo el año y ofrece todos sus servicios.

Accesos

Para llegar hasta él desde la estación de Cerro Catedral se dibujan varias opciones. Tres distintas alternativas son las aconsejables para iniciar la aproximación.

La primera parte desde el telesilla Nubes adentrándose por el paso del Col del Viento hasta descender al valle de Vantiter. Desde este valle se presentan dos trayectorias de ascenso a nuestro destino: por la piedra inclinada descendiendo después hacia el refugio o bajando hasta el fondo de Vantiter, para luego ascender a través del bosque.

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La segunda alternativa se sitúa también en este mismo valle, pero conectando desde el Cerro Catedral y bajando desde el sector de La laguna.

La última opción es subir la base del cerro hasta el refugio por un camino marcado, muy obvio y bonito, con verdes bosques, pequeñas cascadas e impresionantes vistas al famoso lago Nahuel Huapi.

En busca de powder

Nuestras travesías no iban a ser menos que todo lo descrito. La idea inicial era realizar dos o tres bajadas al día para quedarnos satisfechos agotando la luz hasta no poder seguir más. Después, volver al refugio a descansar para al día siguiente estar al 100%.

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Pudimos realizar todo lo que teníamos previsto, excepto una línea que se nos resistió por las condiciones de la nieve.

En nuestra primera excursión, la meteorología no nos acompañó lo suficiente. Llegamos con la expectativa de tener dos ventanas de buen tiempo en tres días, pero la dura realidad no nos dio esa tregua que tanto esperábamos.

Hicimos dos ascensos durante nuestra pernocta en el refugio, el primero, para observar las condiciones que tenía la canaleta que decidimos bajar, y el segundo, aprovechando el buen tiempo, atacamos la canal a primera hora de la mañana. Pero, al llegar a la cima, las nubes se introdujeron poco a poco hasta dejarnos con nula visibilidad para poder continuar y nos dimos la vuelta.

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Ya en el refugio, nos juntamos con los locales que dominaban el lugar para escuchar sus recomendaciones, que se complementaron con un cambio meteorológico que nos iba a acompañar los días siguientes. Habíamos tenido precipitaciones las noches anteriores, y esto supuso una combinación perfecta para poder comernos la montaña.

Dicho y hecho, decidimos subir a orillas de la aguja principal, donde nos esperaba una cara este en perfectas condiciones. Esto nos permitió alcanzar el éxtasis individual y colectivo esperado. Giros y más giros de powder, rodeados de un entorno natural tan inhóspito como insuperable.

El súmmum

Hacer esquí de travesía en un lugar único como es la Patagonia es el súmmum. Sentir cómo la inmensidad de la montaña se hace cargo de tu cuerpo, con un sentimiento de libertad que te da una cordillera completamente virgen.

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Estuvimos explorando durante horas y horas por los Andes, entre montañas que, en su inmensa mayoría, no tienen ni nombre.

El placer de encontrar zonas que quizás jamás hayan sido esquiadas (o por lo menos no está documentado), eso es esquiar en la Alta Patagonia Argentina.

El esquí en Sudamérica es significativamente distinto al europeo, exige cambiar el chip porque si no, la montaña te lo cambiará a ti. Los medios de rescate son distintos, las distancias y las altitudes se multiplican exponencialmente, los cambios meteorológicos son rápidos y agresivos.

La experiencia única está asegurada. Pero el conocimiento y la prudencia son obligatorios. La mejor época es entre septiembre y octubre.

Texto y fotos: Juan Aizpuru
Rider: Niki Salencón